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05 Nov 2022

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RETAZOS DE MEMORIA: 1800. Problemas con los expósitos

Miguel Ángel González García

Página dolorosa, y al tiempo de generosidad, es la historia de los niños y niñas que, por nacer fuera del matrimonio o por la pobreza que impediría luego sentarlos a la mesa, se dejaban generalmente a las puertas de las iglesias, allí “expuestos” , y de ahí el nombre de expósitos que el diccionario se limita a definir como” dicho de un recién nacido abandonado o expuesto o confiado a un establecimiento benéfico”.
La Bañeza conoció este problema quizá con una frecuencia mayor, por ser villa poblada y centro de una comarca. En 1800 concretamente se documenta una situación que preocupa: la atención de esos niños dejados a la puerta de la Iglesia de Santa María, que el párroco se desentiende de procurarles la primera atención y luego remitirlos al Hospicio de Astorga, quizá porque aquello le complica la vida y supera las posibilidades económicas de la parroquia. Ello motiva una carta de D. Antonio Severino Requejo, regidor de la villa, a D. Alejandro Izquierdo, abad de Compludo, dignidad de la Catedral de Astorga que sustituía en este caso al Deán ausente, D. Manuel de Revilla, que un año antes había fundado el hospicio dotándolo con el producto del indulto cuadragesimal y el fondo Pío beneficial, y un impuesto de un maravedí en cada cántaro de vino del país que se consumiese en los partidos de Astorga, la Bañeza, Ponferrada y Villafranca, como anota Matías Rodríguez en su “Historia de Astorga”, página 502. Buscando la solución de lo inmediato y reglamentando para el futuro.
El problema
La carta de una honesta responsabilidad, del munícipe, expresa su preocupación y al tiempo deja claro que, con fondos municipales, se está procediendo a esa atención que obligadamente era de solución inmediata, ya que el atender y alimentar a las criaturas no se podía posponer. Se cita y tiene referencia en la carta la legislación sobre el tema del Rey Carlos IV que se concretizó en la “Real Cedula de S.M. y Señores del Consejo, por la que se manda observar el Reglamento inserto para la policía general de expósitos de todos sus dominios en Madrid, en la Imprenta Real, 1796, en la que minuciosamente se reglamenta “Para que los Expósitos tengan prontamente Amas que los lacten y críen, y se excusen las dilatadas transmigraciones que hasta ahora se han hecho, con pérdida y muerte de tantos niños, para que su Párroco, ó alguna otra persona Eclesiástica, corra con el cuidado de pagar las Amas, dar el correspondiente vestido á los Expósitos, y satisfacer los demás gastos que se ofrecieren, llevando cuenta justificada, que en los dos primeros meses del siguiente año deberá remitir á la respectiva Casa general de Expósitos de la Diócesis, Abadía ó territorio, por la qual se le suministrarán los caudales correspondientes.” Y naturalmente se mandaban fundar los hospicios en lugares oportunos y se daban normas sobre la lactancia, que quedaba bajo la responsabilidad de los párrocos hasta ser llevados a la Casa Hospicio más cercana. No me puedo detener en la humanitaria y minuciosa Real Cédula y sólo decir que en La Bañeza había sobre ello un problema que la carta, que se conserva en el Archivo de la Catedral de Astorga (Caja 68), expone buscando la solución, que no era otra sino posibilitar, tras los primeros cuidados de acogida y lactancia, dirigir a las indefensas criaturas al hospicio astorgano.

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