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11 Sep 2021

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Una historia sobre los peligros de los inmigrantes

José Mateos Mariscal

Migración implica no sólo un cambio geográfico, sino una movilización de vicisitudes a nivel social-afectivo y cultural (idiomático en algunos casos), lo cual incide de manera significativa en la subjetividad de las/os migrantes.
Es tiempo de realizar una mirada hacia el niño o niña migrante. Desde mi experiencia observo a menudo casos donde los/as niños/as quedan excluidos de la decisión y desarrollo de la propuesta migratoria (o de expatriación). Adultos, preocupados porque el proyecto funcione, descuidan la intervención y colaboración del niño en el mismo, minimizan sus emociones, intentan sobreprotegerle, no consintiéndole un espacio para que entienda, elabore y simbolice esa transición de un cambio de lugar a otro, donde no realizan rituales necesarios de separación que implica esa mudanza (sea en el interior o al exterior de un país) con las respectivas pérdidas que esto implica.
Los resultados de esta acción “exclusión-observador no participante infantil” pueden originarle, a corto o mediano plazo, diferentes características psicosomáticas en el funcionamiento de su personalidad (hipersensibilidad, dependencia, angustia intensa de separación, sobreadaptación, mentalización), como manifestaciones de conductas regresivas (de habilidades ya adquiridas) y/o agresivas, alteraciones del sueño, como pesadillas, acciones que repercuten en sus relaciones interpersonales y sus formas de aprendizaje, afectando significativamente en la singularidad del/la menor.
La participación del niño, en todas las fases (principalmente en las iniciales) del proceso migratorio, independientemente de la edad y en la medida que pueda, ayuda y aporta beneficios para el bienestar psico-emocional infantil, fundamental para la preparación de la adaptación, asimilación y flexibilidad de tolerancia de la nueva cultura del lugar al que llegará, disminución de ansiedad, frustración u otra sensación vinculada al desarraigo, y malestar.
Es importante escuchar la “voz” del niño o niña, permitirle transitar sus malestares, sentimientos de soledad, responder preguntas de conceptos construidos y fantasías, sus miedos, incertidumbre, dudas, inseguridades que genera el migrar, sin introspección culposa, irse del país: la necesidad de construir una segunda oportunidad.

…Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa.

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