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17 Jul 2021

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La manga riega

Claudio Galán Carvajal

El tiempo pasa, nunca se detiene. El hombre, cuando se detiene, recuerda y sueña.
En los julios y agostos bañezanos (cualquier tiempo pasado fue mejor), “la manga riega” era, por así recordarlo, la vedette de nuestras calles y plazas. Esa lluvia artificial sobre los hervores y malos humos del asfalto. Algarabía a modo de ducha para chiquillos, perros y gatos. Estos últimos corrían espantados una vez sonaba el chorro; sobre todo los gatos, haciendo bueno el refrán de “el gato escaldado, del agua fría huye”.
Para los niños eran días de fiesta. Mejor dicho, tardes. Cortapinos y Cortecero, funcionarios del Ayuntamiento, con sus negras botas de agua, eran los encargados de su manejo. Con un gancho de hierro iban abriendo las llamadas “bocas de riego” para luego, a chorrazo limpio, dejar a su paso ese frescor que tanto se agradecía.
Verdaderos arcos de agua donde el iris se ponía y mil avispas y moscas batían alas en retirada. Nosotros, entre esquina y esquina, portal y portal, cantando: “La manga riega / que aquí no llega, / si llegaría / nos mojaría”.
Cortapinos era ducho en ducharnos. A más de uno nos puso a remojo. Menos mal que eran tardes al sol (hoy son los lunes) y el astro rey nos hacía limpieza en seco a lo Antolín Villamandos.

…Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa.

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