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06 mar 2021

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Un laboratorio bañezano Don Gonzalo Fernández de Mata
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José Dionisio Colinas Lobato

Ahora, en pleno siglo XXI, cuando los laboratorios farmacéuticos mundiales se afanan por buscar ese antídoto que fulmine la enfermedad maligna del mal llamado Covid-19, así como la lucha por la elaboración y fabricación de las vacunas –Pfizer, Moderna (Naid), AstraZeneca, Sputnik–,  me han venido a la memoria aquellos medicamentos que un bañezano, doctor en farmacia y veterinaria, consiguiera a finales del siglo XIX, en su modesto laboratorio de la rebotica que poseía en su casa de la calle Astorga, unos productos para la curación de enfermedades en personas y animales. Me estoy refiriendo a don Gonzalo Fernández de Mata (1869-1959); hijo del también bañezano don Manuel Fernández Franco (1826-1883)  —de profesión abogado, y terrateniente de aquellos bienes-fincas obtenidos con la Desamortización de Mendizábal— y de doña Manuela de Mata Rodríguez (1825-1896).
Don Gonzalo Fernández de Mata era Licenciado en Farmacia y Veterinaria, creo que los que le conocieron lo recordaban como un hombre bueno, bondadoso y muy reservado, muy respetado por sus empleados, y que la mayoría del tiempo lo pasaba en su humilde laboratorio, entre tubos de ensayo, mecheros, probetas y serpentines de vidrio. Hombre muy elegante que cuidaba su imagen, especialmente la recortada perilla canosa que lucía en su rostro con diáfanas lentes.
Dentro de sus inventos y ensayos insustituibles de aquel tiempo, logró sacar de su carente laboratorio tres grandes productos que llegaron a acreditarle dentro del vademécum farmacéutico-veterinario: El Resolutivo Rojo, medicamento que don Gonzalo Fernández puso al servicio de los veterinarios españoles para curar aquellas dolencias crónicas que presentaban los animales sobre huesos, sinoviales y tendones, obteniendo unos resultados extraordinarios de rapidez en las bestias de labor; producto que dejará registrado el 31 de enero del año 1920. Un año después, este resolutivo sería trasformado con otros ingredientes en su fórmula y empleado como ungüento para la bronquitis, pleuresías y neumonías caballares. Sus dosis, dos o tres veces al día, durante diez o doce días de tratamiento.

……………..(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

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