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23 ene 2021

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Castillos en la Ruta de la Plata I “Alija del Infantado”
Castillo_de_Alija-del-Infantado

José Dionisio Colinas Lobato

Entre las tierras zamoranas y leonesas, por donde discurre la llamada Vía de la Plata, la historia ha dejado sus vestigios medievales con fortalezas y castillos. Muy cerca de las aguas por donde discurre el río Órbigo (el  Órbicus que llamaban los romanos) —tierras de ribera por donde han transitado gentes de todo tipo, arrieros maragatos, labradores a la siega de Castilla o pastores guiando miles de bestias que por la llamada “Cañada Real” iban y venían hacia las montañas leonesas— tenemos el viejo castillo de Alija del Infantado.
Fortalezas y castillos que fueron apareciendo a la vez que iba avanzando la reconquista en el solar Hispano, proliferando tanto que diera lugar a denominarse con el nombre de “Castilla”, dentro de una región española. Edificaciones pétreas que limitaban y marcaban unos territorios; unas tierras concedidas por monarcas a ciertos nobles, en compensación y ayuda de sus gentes en las contiendas y batallas; tierras y lugares donde el señor feudal vivía, gobernaba y nombraba los alcaides.
La Vía de la Plata, en el partido judicial de La Bañeza, también contó con plazas y villas que tuvieron su correspondiente fortaleza, palacio o castillo; arquitectura militar en la que, sobre sus muros, podemos encontrar esos sellos epigráficos, como son sus escudos heráldicos que, históricamente, nos van indicando quién era su dueño y la familia de donde procedía el noble señor que lo habitaba.
Cercana a la primitiva calzada romana, en el límite entre las provincias de Zamora y León, encontramos la villa de Alija del Infantado, población que, hasta hace poco, año 1960, se la denominaba de los Melones. Cercana a ella se encuentra toda una frondosa vega que riega el río Órbigo y cuyas abundantes aguas, después de atravesar el puente romano de la Vizana, irán a desembocar al río Esla, en tierras de Benavente.
Su primitiva población y origen hay que buscarlos en esas tribus que habitaron sus cercanas sierras de Casas Viejas, donde afloran esos castros celtas-astures, como lo son los de Arrabalde (tesoro de Arrabalde), Nora, Neveras y Ozaniego.
La evolución de la villa irá al compás que marca la historia, apareciendo esas culturas primitivas y tradicionales, como son las danzas de los Jurrus e hilandones, fiestas que luego evolucionaran en actos religiosos, procesiones, como el ramo de las roscas, y otros que, en sus primitivas ermitas e Iglesias, “San Verísimo” y “San Esteban”, se vienen realizando.

……………..(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

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