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06 sep 2020

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En memoria de Pruden
Pruden

Hijos de Mingui y Pruden

Ha fallecido nuestra madre y queremos hacerle un homenaje a través de este semanario tan querido por ella, volviendo a publicar un artículo que le dedicó el que fuera subdirector del mismo, José Cruz Cabo, hace algunos años y que llevaba por encabezamiento “Frutas y Verduras Mingui, Castañas Asadas (Domingos y Festivos)”, por título “Un matrimonio recupera en La Bañeza la perdida tradición de las castañas asadas” y como subtítulo “Mientras haya castañas y compre la gente, aquí seguiremos”, aseguran.  Lo reproducimos íntegro a continuación:
El matrimonio compuesto por Mingui y Pruden ha vuelto a resucitar en La Bañeza la tradición de las castañas asadas en bombos, que se había perdido durante muchos años, debido en parte a la desaparición de las castañeras y a que hubo unos años en que parecía que no era negocio vender castañas asadas en la calle, debido al frío y el agua que hay que soportar en estos días del mes de noviembre preparatorios para el invierno.
Ahora Mingui y Pruden han vuelto a renovar la tradición; ella es nieta e hija de castañeras y por ello lo lleva en la sangre y conoce perfectamente los secretos de la profesión.
“Ya sabes que estuvimos unos años en el extranjero, dicen, y luego, cuando volvimos, no encontrábamos la ocasión de ponernos a trabajar en esto. Yo, nos dice Pruden, tenía que sacar adelante los hijos y la vida nos llevaba por otros derroteros. Ahora ya con los hijos que se valen por sí mismos, decidimos mi marido y yo volver a probar en este oficio y para eso salimos el día de Todos los Santos a ver qué resultado obteníamos y si a la gente les seguía gustando comprar castañas asadas”.
El público debió responder bien ese día porque desde entonces todos los domingos y días festivos, al final de la calle Astorga, en la confluencia con la Plaza de Antonio Colinas, a la puerta de su local de frutas y verduras, a partir de las 6 de la tarde y hasta casi las 11 de la noche, Mingui y Pruden sacan el bombo para la calle, el saco de castañas y se disponen a asarlas y venderlas, y de momento la clientela es numerosa, ya que se forman largas colas para poder comprar un cucurucho de castañas.
“Es verdad que ahora la cantidad más pequeña que damos vale 50 pesetas, cuando yo las conocí en casa de mi madre Prudencia a 2 céntimos y se daba más cantidad que ahora por las 50 pesetas. Las castañas son caras, hay que poner la leña y el carbón, el tiempo que se emplea y hasta el frío que se pasa, pero a la gente le gustan y lo normal hoy en día es que te pidan 20 duros de castañas que vienen saliendo a 3,50 ò 4 pesetas cada una, ya que solemos dar entre 25 y 30 castañas a las 100 pesetas y la gente nos las quita de las manos. Claro que ahora solo se pueden vender los domingos y días de fiestas, pues a diario no sacaríamos ni para el carbón”.
Charlando mientras hay un descanso entre el despacho de un bombo y el asado de otro, y la cola de clientes se va haciendo cada vez mayor en espera de que salgan calentitas y asadas las castañas, mientras Mingui despacha el bombo que se acaba de asar, Pruden prepara el siguiente y lo va llenando de castañas crudas para la próxima cola de clientes, deseosos de saborear las ricas y calentitas castañas que sirven para calentar las manos en los días de frío.
“Mientras haya castañas y la gente las compre, nosotros seguiremos este invierno”, nos dice el matrimonio a dúo, asando y vendiendo las “castañas calentitas”.
Nosotros esperamos que esta tradición castañil no se pierda, porque es cada vez más bonito ver cómo se vuelve a las cosas sanas y añoradas de nuestra niñez y juventud.

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