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16 may 2020

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Confinamiento en el medio rural
Calle_principal_de_Castrocontrigo(TAB)

Marina Justel Cadierno

Creo que existen grandes diferencias entre estar confinado en una ciudad o en un núcleo rural, aunque el confinamiento sea eso: quedarse en casa. Para mí es muy distinto, porque las distancias no son iguales, ni las costumbres, ni los espacios.
Voy a expresar mi manera de ver la situación, centrándome en mi propio pueblo, Castrocontrigo, puesto que, aunque yo no he salido de mi recinto particular, sí puedo sentir la sensación de soledad y silencio que asola la localidad.
También es verdad que ese silencio y esa soledad me han permitido valorar otras sensaciones que la madre naturaleza nos ofrece, como el trinar de los pájaros comunes, los mirlos, gorriones, golondrinas, etc., el cantar del cuco y el disfrutar de la primavera como nunca antes lo había hecho.
He preguntado –vía redes sociales– a varias personas que me digan sus experiencias acerca de esta situación, y así me pude enterar de qué manera la gente rural es valiosa y poderosa hasta el extremo. En cuanto se decretó el estado de alarma, ya estaban en movimiento unas cuantas personas para realizar aquello que se necesitase, personas que normalmente están desvalorizadas y son invisibles. Así, Mari Morán, por iniciativa propia, comenzó a elaborar mascarillas que repartió al consultorio médico, a la farmacia y a la residencia de mayores existente en el pueblo. Posteriormente se puso en contacto con el Ayuntamiento y fue el propio alcalde quien dio orden de que se le proporcionase el material necesario para aprovisionar a todos los pueblos del municipio. Enseguida se prestaron a colaborar otras personas: Margarita, Lucía, Inés, Rafaela y Esther, de Castrocontrigo, y Dory, Anita y Ceci, de Nogarejas. Se organizaron de tal forma que Mari las cortaba y las demás las confeccionaban. Una vez preparadas, llamaba a la auxiliar del Ayuntamiento para que las repartiera. Se confeccionaron alrededor de 500,  más las 100 que previamente ella había realizado. Buena labor, de la que se sienten y nos sentimos orgullosos.
He preguntado también por las sensaciones personales y es unánime la respuesta: preocupación, extrañeza y esperanza. Los mayores lo viven con mucha preocupación e incertidumbre. Tienen miedo. Se hacen preguntas: ¿Cómo es posible? ¿Por qué? ¿Qué se ha hecho mal? ¿Cuántos han muerto hoy? Es una situación no vivida antes y lo desconocido preocupa, por supuesto. Están con la esperanza de que esto pase cuanto antes. Todos lo estamos.
Aún así, todos hemos sabido cómo llevar la situación, hemos mantenido el tiempo ocupado, hemos hecho ejercicio, hemos leído, estudiado, escuchado música, participado en vídeos colectivos, y nos hemos examinado internamente. Yo creo que hemos salido revalorizados.

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