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19 Abr 2020

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“Siete palabras para setenta mil dolores”

Ricardo Fuertes Vega

La mística creyente hoy:
El Papa Francisco ha dicho que: “A la pandemia del virus queremos responder con la universalidad de la oración, la compasión, la ternura. Permanezcamos unidos”… Y entonces llega esta maravillosa paradoja del virus Covid-19: Tienes más tiempo que nunca, pero no puedes compartirlo con nadie ni disfrutarlo. Tal vez el Universo trata de decirnos que nada de lo que tenemos en la vida, ni el trabajo, ni la casa, ni tan siquiera el tiempo, merece la pena si no podemos compartirlo con los otros.
Esto no es el apocalipsis, pero puede ser una oportunidad para entender el propósito real de nuestro paso por el mundo. Cuando Europa se ve más afectada que África, cuando un beso pasa a ser un arma, cuando el dinero no te salvará, cuando la vida como la entendíamos hasta ahora se detiene para todos, y el tiempo se vuelve un castigo. Tal vez, cuando volvamos a caminar, caminaremos más despacio, más cercanos, más humildes, más humanos…

1ª. Perdón: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34)
Es difícil perdonar. El dolor, el orgullo, la propia dignidad, cuando es violentada, grita pidiendo “justicia”, buscando “reparación”, exigiendo “venganza”… pero, ¿perdón?
Me sorprendes, Dios bueno, en esa cruz… porque eres capaz de seguir viendo humanidad en tus verdugos. Porque eres capaz de seguir creyendo que hay esperanza para quien clava en una cruz a su semejante. Porque, esta palabra de perdón, dicha desde un madero, es sobre todo una declaración eterna: el hombre, todo hombre y mujer, todo ser humano, conserva su capacidad de amar en las circunstancias más adversas. Y todo ser humano, hasta el que es capaz de las acciones más abyectas, sigue teniendo un germen de humanidad que permite que haya esperanza para él.
Y atreverse a verlo es hermoso.
 Fragmento…
“Yo sé bien que quienes odian tienen buenas razones para ello”.
Pero, ¿por qué habríamos de elegir siempre el camino más fácil, el más asequible?
En el campamento pude experimentar con vívida concreción que cualquier partícula de odio que añadamos a este mundo lo hace aún más inhóspito de lo que ya es.
Y creo, quizá puerilmente, pero también de manera tenaz, que si esta tierra se convierte en un espacio más habitable será tan sólo a través del amor, amor del que el judío Pablo habla a los corintios, en el capítulo trece de su primera carta” (Etty Hillesum, escrito desde el campo de concentración antes de ser deportada a las cámaras de gas, en “El corazón de los barracones”).

…Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa.

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