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10 Ago 2019

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Trasgresiones patronales

Marta del Riego Anta

“Todos los domingos a las 12 en punto se abría la puerta de su casa y salía tu abuela como si fuera la reina de Inglaterra –me dice una vecina–. Caminaba a pasitos cortos, muy erguida, elegante, con todas sus joyas. Daba gusto verla”. Mi abuela y mi abuelo iban a misa de doce y media a Santa María, llegaban pronto y se sentaban en los primeros bancos. Ir a misa era un acto social. Sobre todo, en la Patrona; en la Patrona había que ir, además, de punta en blanco. A la salida de la iglesia saludaban a los conocidos y después iban a tomar unos calamares. Y de camino a casa compraban pasteles donde Conrado.
Rituales inamovibles.
Las fiestas de la Patrona. Había todos esos veraneantes asturianos y madrileños. Chicos interesantes. Con otro aire. Cuando era adolescente las fiestas me parecían emocionantes, una aventura. Era un momento de trasgresión tácita. Había cierta permisividad, se relajaban los horarios, conocías gente nueva. Sucedían amores de verano. O amagos de amores: deslumbramientos de verano. Recuerdo mi primer amor. Oh, el primer amor: ese que te elige, que te rescata de la masa, que te hace sentirte especial. De pronto descubres con sorpresa que alguien se interesa por ti, se preocupa por ti, quiere saber qué piensas, cómo hueles.
Duró un verano. Y el segundo, otro verano. Amores que solo pueden suceder en verano, y que eclosionan en las fiestas de agosto.

……………..Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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