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18 Ago 2012

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Recuerdos de una española en el Cairo

Felipe Fernández de Mata.

Corría el año de 1869 cuando Fernando Lesseps concluyó una de las obras más importantes de la época: el Canal de Suez. El más alto dignatario del país, el Jedive Ismail de Egipto, hizo construir para la ocasión un  palacio que sirviera para alojar a la emperatriz de Francia Eugenia de Montijo, que acudía a realzar con su presencia los fastos de la inauguración de tan magna obra. El lugar elegido era inmejorable: la isla de Zamalek, en el rio Nilo.
Con el fin de hacer a la Emperatriz su estancia más agradable, y deseando despertar su admiración con algo inesperado, el Jedive hizo recrear hasta el más nimio detalle de las habitaciones en que se alojaba Eugenia en el palacio que le servía de morada en Paris, de manera que, al llegar a El Cairo, Eugenia se encontró con que se hallaba en “sus salones”, “su dormitorio” o “sus jardines”. El resultado de aquellas amabilidades y atenciones inimaginadas fue que Eugenia se quedó en Egipto más tiempo del previsto, e incluso se habla en aquellas tierras de que tuvo un romance con el Jedive, quien la iba a buscar todas las mañanas con una larga y lujosa caravana, para pasar con ella el día, o el día y la noche; eso dicen, quién sabe.
Actualmente el Hotel Marriott ocupa el Palacio y sus dos torres de veinte pisos, la Zamalek y la Gezira, entornan la planta del antiguo Palacio que se ha conservado en lo posible como estaba hace casi 150 años.
Pues bien, toda la parte antigua del hotel, su corazón, está impregnado por la huella de Eugenia. En un gran salón junto a las escaleras de salida a los jardines, restaurante y piscinas, dos grandes retratos nos recuerdan a Napoleón III y a Eugenia de Montijo. En los jardines, el Café Promenade es una delicia de servicio, entorno y paisaje.
En el piso superior se encuentran los antiguos dormitorios de la Emperatriz, convertidos hoy en salones para eventos con el nombre de “Eugenie Private Dinner Room”. No lejos, en la misma planta, está el fastuoso salón de baile.
Pero el lugar más acogedor, el que tiene verdadero encanto, es un precioso  salón en la planta baja, de techos de unos seis metros de altura, presidido por un enorme retrato de la emperatriz y que se llama precisamente “Eugenie’s”.  En él se sirven copas en un ambiente tranquilo, discreto, relajado. Las notas suaves de un piano de fondo ayudan a crear un ambiente distinto. Y en esa tenue atmósfera, si entornas la vista y te dejas llevar por la música y por la mirada de la dama del gran cuadro, no es difícil trasladarse a la época de Napoleón III y la Emperatriz española Eugenia.
Es un lugar inolvidable que recomiendo visiten los viajeros que pasen por El Cairo.

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