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15 Ago 2012

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Excursión en Vidriales

 José Dionisio Colinas Lobato.
En estos días de agosto, festividad de Nuestra Señora Madre, la Virgen de la Asunción, Patrona de La Bañeza, he vuelto para hacer una visita a esa otra Madre, Virgen del Campo, y ver de nuevo el santuario de la patrona de Vidriales, localidad de Rosinos, localizado en el vello marco paisajístico del vidriado valle, entre el campamento romano de “Petavonium”, refugio y morada de descanso de la Legión X, y del Ala II ª Flavia Hispanorum, junto a la sombría y sacra elevación de su castro, destruida ciudad por Almanzor de “Sansueña”, Civium Romanorum.
En un pétreo santuario, de pórtico con columnas romanas, se veneró la imagen románica de Nuestra Señora del Campo, patrona del Valle de Vidriales, hasta su desaparición en los años sesenta. Hoy día ha sido sustituida por otra imagen, réplica de la anterior y donación de los hermanos sacerdotes, vinculados a Rosinos de Vidriales, D. Hortensio y D. Bernardo Velado Graña.
De los montes limítrofes viene olor a encina, jara y tomillo, que va impregnando la pradera hasta el mismo crucero pétreo, cargado de musgo reseco del invierno, para recibir luego a sus fieles y romeros, todos los ocho de septiembre, en una alegre y mariana fiesta peregrina.
Su actual estructura es de comienzo del siglo XVII, con fábrica de piedra de cuarzo, bajo cuyos cimientos historiadores y arqueólogos se inclinan por haberse elevado sobre el viejo templo romano de la antigua ciudad romana de Petavonium.
Campanas redoblan en el aire templado de la mañana, su sonido llega a todos los pueblos del valle, quedando sus tañidos envueltos en los rastrojos de los trigos recién segados y el polvo seco y ocre que viene de los barreros áureos del encinar.
A final del siglo XVIII, se levanta anejo al santuario, una preceptoría, un viejo edificio, quizás primer colegio-seminario educador de la diócesis Asturicense, y cuyos muros albergaron multitud de jóvenes de la zona. El edifico fue derribado a finales del siglo pasado. En él iniciaron sus primeras andanzas religiosas insignes bates del sacerdocio vidrialés, hermanos Velado Graña, P. Álvaro, P. LLordén, P. Nieto, P. Conrado, etc. Todos ellos bajo la enseñanza y tutoría del vicario del valle y familiar, P. Rodríguez Sastre, o el tan querido para los bañezanos, nacido en Bercianos de Vidriales, me estoy refiriendo al Ilustrísimo Señor Doctor Don Ángel Riesco Carbajo, quien llevaría la dirección en los primeros años.
La mañana va serpenteando por los caminos estrechos y polvorientos del Valle de Vidriales; a lo lejos, el águila planea como lo hicieran aquellas otras en estandartes del imperio romano, sobre el rastrojo soleado, en busca de algún gazapo, y nosotros nos protegemos de los calurosos rayos solares bajo el pórtico pétreo de columnas romanas.
Sobre un muro sombrío del santuario, absorbemos el aroma del incienso quemado que sale por el cristal roto de una de las ventanas; ahora parece, imaginativamente, flotar la imagen de la Virgen del Campo, sobre las andas, portadas por sus devotos, entre cánticos y flores silvestres. Suenan la flauta y el tamboril sobre los bancales de la cima tutelar del castro, se perciben a lo lejos los negros cenizales y las cerámicas rotas por el arado.
Hemos cruzado lo que fuera campamento romano. Las resquebrajadas maderas que indican el fortín marcan su perímetro amurallado con foso de agua. Hileras de piedras colocadas marcan viviendas y estancias de baños y aljibes. Viene ardiente con aroma a pino el aire de la sierra. Como una marea de forraje está tapando, en manteles planos de hierba reseca,  lo que han sido catas y rastreos veraniegos. Quizás, bajo las tórridas y rojizas tierras de Vidriales, sobre las que todavía se observan cerámicas de terra sigillata, tegulas y otros ladrillos, descanse la escultura de bronce verdoso que, brazo extendido, indicaba la victoria y sometimiento de los pueblos de este valle.
Seguimos nuestra ruta hasta el aula arqueológica de Santibáñez; en el camino, flotando sobre las copas de los primeros chopos verdosos, los versos marianos de su himno: Santa María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia./ Virgen del Campo, Reina de Vidriales.

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