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26 Ene 2019

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Ángel Rodríguez: “El Maestro” sin olvido

Javier Castaño

Un señor está pasando la vista a la esquela mortuoria y se dice: ¿Pero en qué escuela dio clases este caballero?, y se le contesta: en la Universidad de la Tauromaquia, cuyos maestros fueron Cuchares y Lagartijo, 1850.
Ángel “el Maestro” sale de la iglesia a hombros de su colorida cuadrilla. Un toro negro astifino le segó la vida muy temprano; el nombre del astado: Sangre Negra, de la ganadería Fatalidades. Desde un rincón de la plaza Mayor, en un pedestal-barrera taurina, Conrado Blanco observa y piensa: en todo esto acaba la vida, no se si merecerá el haberla vivido, porque la vida es pagada con la muerte. Ángel “el Maestro” mira por última vez su calle cercana a la plaza Mayor, la ojea con paz de Cielo; su ciudad, su casa, su familia y su obra. Oficio que desempeñó: Lampista; sus alumnos salían bien instruidos fontaneros. Me consta que fue un excelente marido, un buen padre y un abuelito enternecedor de su precioso nieto Mario. Mucha gente ve la diferencia física antes que el interior de la persona. Han pasado muchos años desde que en esta plaza Mayor se lidiaron toretes. La plaza de toros es el lugar de encuentro de todas las capas de la sociedad, y allí casi todos toman asiento, desde el poderoso que se acomodaba en barrera de sombra al humilde menestral que veía la lidia desde la andanada de sol.

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