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02 Abr 2012

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Imágenes de una semana de Pasión y Gloria

José Manuel Pérez Villar.
Podíamos haber elegido muchas más, pero yo me he querido fijar en estas tres imágenes y compartirlas con todos ustedes. Comienza la semana más importante para los Cristianos con la imagen de Jesús entrando triunfante en Jerusalén. Podemos decir, sin ánimo de equivocarnos, que Jesús fue un hombre que respetó profundamente las tradiciones y fue un gran conocedor de las escrituras. Fue un hombre culto. Se acercaba la celebración de la Pascua y Jesús pidió a los apóstoles prepararlo todo para celebrarla con ellos. Se subió al lomo de un borrico y, como si de un Rey se tratara, entró en Jerusalén. Mucha gente viajaba a Jerusalén para celebrar la Pascua y ver a Jesús. Otros a ver si veían a su amigo Lázaro, al que había resucitado días antes. La multitud se congregó y lo recibió con vítores, aplausos y los más osados se acercaban para intentar tocarlo.
De golpe pasamos a una de las últimas imágenes de Pasión, pero no podemos olvidar los momentos vividos por Jesús desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su llegada a la Cruz. En la cena con los Apóstoles nos promete quedarse siempre con nosotros, por medio de la Eucaristía. Siente la soledad del Huerto de los Olivos. Mientras Él reza y se prepara para los momentos de desprecio (la misma gente que lo vitoreó gritará “crucifícale”), momentos de sufrimiento físico,  los discípulos duermen, uno lo entrega con un beso, Judas, Pedro lo negará hasta tres veces y Él mismo pide al Padre que aparte de Él ese cáliz. Ya no le quedan fuerzas, pero desea que se cumpla la voluntad del Padre. Es la vida misma, es el sinsentido de los hombres (el mismo que te abraza en el triunfo te desprecia en el fracaso y te hace sentir más fracasado). Pienso en esta imagen en la que Jesús clavado en la Cruz, su cuerpo ensangrentado, su cabeza rota por una corona de espinas, su mirada triste, levanta la cabeza al cielo y dice: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. No sólo nos perdona y pide clemencia para la humanidad, sino que encima nos disculpa.
Finalizamos con la imagen de la Gloria. Cristo murió en la Cruz, la gente se dispersó, sus seguidores se reunieron para meditar lo que harían a partir de ese momento y para estar al lado de María, la madre de Jesús. De repente, la noticia llega a todos los lugares: “Jesús ha resucitado”. La alegría se contagia, quien lo entregó no quiere seguir viviendo. Pedro pasa de negarlo tres veces a reconocer su amor otras tres. Ya no hay que pensar en lo que hay que hacer, el camino está abierto, sólo hay que seguirlo. Felices Pascuas.

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