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24 Mar 2013

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Cornetas y tambores en la Pasión

Javier Castaño

Es la Semana Santa uno de los acontecimientos populares y festivos más destacados. Detrás de esta ceremonia religiosa hay tradiciones, sentimientos, vistosidad y gastronomía. Tres cosas hacen salir a la gente a la calle: Procesiones, toros y personajes reales. Aquí hay una vivencia que es la transmitida de padres a hijos.
Los niños son más numerosos y pequeñitos, alguno he visto con el chupete en los labios, ¡que gracioso!. Esto es elogiable, para que los valores no se extravíen. En estos días santos echo en falta al cofrade Jesús Valle. Hermano de su tocayo el Nazareno. No acudirá a las procesiones por una lesión que le impide abandonar las muletas. Mucho hizo Valle por la Cofradía cuando estaba en el Cabildo, deseamos su pronta recuperación. El Nazareno no deja desasistidos a sus hermanos. Pasa el Nazareno, por favor silencio; le sigue la Virgen Nuestra Señora Esperanza de la Cruz. Agobiada de joyas, llorando como cualquier mujer y como mujer ninguna. La Bañeza es terca y desafiante en las creencias. En fechas anteriores, los Cornetas y Tambores ensayan disciplinadamente y con entusiasmo, se atornillan las palometas, se tensan las badanas, las cornetas muy relucientes ya suenan con virtuosismo. La noche retumba con el sonido del metal interpretando marchas fúnebres, se derriten cirios y antorchas. (El corneta que no asiste se ha ido al cielo)). El alma busca amor en Dios, que clavado en la cruz nos ofrece sus brazos abiertos. Miércoles Santo: la Cofradía de las Angustias sirve el potaje, riquísimo condumio guisado en relucientes caldera de cobre, todo el entorno se llena del agradable aroma que emana de su cocción.
La antigüedad del imperecedero manjar es de 1615 y entonces solo era repartido entre los pobres, aunque, como esto siga así, volveremos a ser menesterosos, pero con suerte de que el potaje no nos falte. Tomaremos la típica limonada en estos días.
Después de la prolongada y bella procesión madrugadora del Viernes Santo, es de tradición comer las exquisitas sopas de ajo, elaboradas por la familia Boño.
Siete virtudes tienen las sopas de ajo: quitan el hambre y dan poca sed, hacen dormir y digerir, siempre agradan, nunca enfadan y crían la cara colorada. En varios bares las sirven sabrosas, y no cobran ni una perrona.
Son días indicados para tomar y degustar: bacalao, torrijas, orejas, yemas, tortillas, rosquillas, almendras… Es de arraigo muy ancestral que el Jueves y Viernes Santo, en los cafés y tabernas, los crápulas del juego de las chapas, apuesten sus dineros, ¿a cruces va la mano?, vocea el baratero. Jugar y perder, casi siempre es. Deseamos que en esta fervorosa Semana no diluvie para no entorpecer las procesiones y que el agua no llegue al vino.
Moraleja: La oración es la medicina del alma.

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