Jacinto Peñín del Río: Maestro Pastelero

23 de septiembre de 2011
JACINTO PEÑÍN DEL RIO

Nació en Herreros de Jamuz, en 1955. Estudió en la Academia de La Bañeza y en el Instituto. se puso a trabajar a los 14 años, en la “Laminadora Bañezana” y después en la confitería de Baudilio, donde estuvo tres años. A los 17 años, se marchó a Paris, donde estuvo once años, para seguir trabajando como pastelero -“al ser menor de edad (17 años), tuve que contar con la autorización de mis padres”-. Después de un año, con carta de residente y de trabajo renovada, entró en una casa situada en las antiguas dependencias del Lido, en los Campos Elíseos. En 1984 se estableció en La Bañeza. Desde hace siete años es el Presidente de la Asociación de Productores Agroalimentarios de León.

¿Por qué escogiste este oficio?

La afición es algo innato, que llevas dentro. Tuve la gran suerte de que, tanto la familia de Baudilio Fernández como el encargado de la confitería, me trataron como un hijo. Me gustaban los trabajos manuales y la pastelería me lo puso en bandeja. Sin la ayuda de la gente que tienes al lado, no sigues adelante.

Fuiste muy valiente al marcharte a París.

 

El idioma que estudiábamos era el francés y tenías las imágenes de París grabadas, por lo que quería conocerlo. Lo que más me sorprendió fueron los equipos de frío de las pastelerías, que aquí no existían. Y también la organización que tenían en el trabajo, la impresionante formación profesional y la enorme productividad.

Además de trabajar, estuve tres años estudiando en una escuela de pastelería, lo que me acreditó como Maestro Pastelero, que equivalía a una ingeniería técnica.

 

Abriste el primer salón de té de La Bañeza.

 

Siempre he defendido esta tierra y estoy muy integrado en La Bañeza, donde tuve muy claro que me establecería. Venía dos veces al año; en carnaval y a la Patrona. Siempre tuve un pie aquí y el otro allí.

Fue un buen principio, aunque, por razones y crecimiento y enfoque de empresa, tuvimos que dejarlo. Ahora tengo confiterías en La Bañeza y Astorga, y el obrador en Valderrey, lo que me permite abastecerlas y atenderlas más fácilmente.

 

¿Qué aportaste a la confitería local?

Hemos sido totalmente innovadores y hemos enriquecido mucho, tanto la pastelería de La Bañeza como la de la provincia de León. Aquí no se conocía los pastelillos pequeños y los introducimos nosotros, al igual que las primeras charlotas, los primeros canapés… todo influenciado por la experiencia de París, porque los grandes creadores de la pastelería son franceses. No digo como negocio, pero como pastelero, probablemente soy el más antiguo en activo de la ciudad.

¿Qué elaboración propia destacarías?

El producto estrella siguen siendo los pastelillos, que nos dieron a conocer cuando volvimos. El público ha respondido muy positivamente. La prueba es que, después de 27 años, seguimos aquí y hemos crecido.

¿Te has expandido a muchos mercados?

Soy una persona inquieta. Empecé con la expansión de productos que lo permitían. No se pueden exportar pasteles, pero sí angélicas y trufas. Esos dos productos nos han reafirmado en el mundo del chocolate y casi no hay provincias en España donde no se vendan. Se han grabado muchísimos programas de TV en nuestro obrador y he promocionado la ciudad desde hace muchos años.

¿Seguís creando productos nuevos?

Además de mantener la calidad de los consagrados, algo básico, continuamos investigando y lanzando al mercado novedades, como trufas de vinagre de Módena, bombones de crema de castaña y crema de orujo… Buscamos los contrastes, como las tabletas de chocolate con sal rosa del Himalaya, los bombones con queso azul o cecina… Todo esto cuesta dinero, trabajo de investigación y tiempo, pero la respuesta es muy buena y estoy sorprendidísimo. Considero la trufa como el rey de los bombones y ha tenido una promoción inmensa, gracias a mi colaboración personal con Luis del Olmo.

¿Dedicas mucho tiempo a la Asociación de Productores Agroalimentarios?

Cuando me dicen ¿de dónde sacas el tiempo?, contesto que quitándoselo a tu familia y a tu descanso, pero siempre tiene que haber alguien que tire del carro, porque si no se pararía. Madrugas más para compensar y te sale del cuerpo, pero quieres hacerlo.

¿Cuántas personas trabajan contigo?

Actualmente somos nueve en la empresa. Trabajamos la hostelería de la zona: tartas de bautizos o de bodas, postres de menús…, y en el resto de España, productos que se pueden envasar y con caducidad más larga, como las yemas, trufas, imperiales, chocolates. No somos una industria, sino artesanos con producción limitada, con las ideas claras y que sabemos hasta dónde podemos llegar. Prefiero estar en tiendas delicatessen que en todos los comercios.

Has recibido muchos premios.

Los últimos han sido el de Punto Radio Protagonistas León, en la modalidad de empresa, y el de Maestro Chocolatero de la Cámara de Comercio de Astorga, donde nos han reconocido la labor de recuperar la tradición chocolatera de la ciudad. Las angélicas es el producto de chocolate más imitado en toda España.

¿Y te molesta o te enorgullece?

Te voy a contestar con una frase que suelo poner en mis confiterías: “Para nosotros es un orgullo que nos imiten, sólo las obras maestras son dignas de ser copiadas”.

¿Cómo ves La Bañeza?

Un poco alicaída, no hay empresas nuevas y sí cantidad de locales en venta o alquiler, nadie se atreve a montar negocios… Vivimos de la comarca y hay que facilitarle las cosas. Existe más unión entre los empresarios de Astorga que entre los de aquí, donde somos un poco pasotas.

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