EUGENIO BACAICOA ARTAZCOZ
Me llamó Eugenio Bacaicoa. Nací en Puente la Reina, Navarra. Los peregrinos del camino de Santiago pasan debajo del balcón donde mi madre me trajo al mundo. De niño, mi padre me confiaba el cuidado de las vacas. Sin embargo, yo tenía otra cosa en la cabeza. Cuando iba a cumplir 14 años, quería ingresar en el seminario y ser misionero. Decidí irme con los Padres Blancos, a Lovaina, Bruselas. Ya ordenado sacerdote, aterricé en Burkina Faso, cuyo significado es país de los hombres íntegros. Después de un tiempo aprendí su lengua e intenté compartirles que Dios les ama. Regresé a España un tiempo, por motivos de trabajo, y, en 1993, me fui de nuevo a otro país africano, el Chad, para volver a empezar.
¿Cómo recuerda el encuentro con África?
Fue y será una nueva vida, un volver a nacer. Cuando entramos en contacto con otro mundo, nos encarnamos y lo acogemos, nos enriquece el intercambio mutuo.
Intenté resumir todo lo vivido en África en una frase.
Vivir, luchar y rezar para ser feliz y hacer felices a los demás.
Háblenos de las luces y sombras de la relación Europa-África.
Desde que el europeo colono invadió África, impuso su ley, acompañada de muchas desdichas: esclavitud, dominio del blanco sobre el negro, discriminaciones, guerras, colonizaciones, expolio de la identidad humana. Hoy sigue el expolio de sus riquezas con otro método: la corrupción. La corrupción es la peor arma que estamos utilizando. Los países africanos son pobres, no porque no tengan riquezas, sino porque viven inmersos en un clima de corrupción institucional.
El aporte más positivo llevado al continente africano es la civilización europea moderna, la civilización del bienestar, de la salud, de la educación y del desarrollo.
¿Qué nos puede decir de los acontecimientos del norte de África?
Hace unos años, paseaba por Argel, capital de Argelia, con un compañero. Contemplando las múltiples antenas televisivas, le decía: estas antenas serán el motor de cambio, de la revolución en este mundo musulmán del norte de África. Quizá nosotros no lo veamos, pero llegará. Este mundo árabe vivía, (¿vive?), en un mundo cerrado, en el que religión, cultura, costumbres y política, están mezcladas en una amalgama de dictaduras que se han aprovechado de la docilidad de sus pueblos respectivos y, sobre todo, de las riquezas de sus países: petróleo minas…
Gracias los medios de comunicación, a la educación, este pueblo arabo-musulmán está despertando a una nueva forma de vivir en libertad; sin negar sus valores culturales y religiosos. La pena que me produce es que esta revolución no se hará realidad sin un coste de vidas, como está ocurriendo en Libia o Egipto, con la persecución religiosa contra los cristianos coptos.
Cómo ha sido su relación con el Islam.
Mis relaciones con el Islam las he vivido en un mundo diferente al que nosotros conocemos, el Islam del norte de África, es importante constatar esto. Yo he convivido con el Islam del África sub-sahariana, muy diferente, más dialogante y acogedor. Compartíamos nuestras alegrías y nuestras penas cotidianas: nacimientos muertes, etc… En la noche de navidad, noche buena, representantes del islam, participaban en nuestras celebraciones y en la fiesta posterior. El día de la fiesta del cordero, por ejemplo, celebrábamos con ellos nuestra fe. Participábamos en la gran celebración y nos transmitíamos los mejores deseos para nuestras comunidades respectivas.
Este diálogo se traducía en la vida de todos los días, cuando trabajábamos en el desarrollo del poblado, pozos, escuelas, etc., y cuando en los eventos deportivos compartíamos nuestras alegrías y nuestras penas. A modo de anécdota, yo fui el administrador de un club deportivo y el presidente era musulmán. Nuestras relaciones fueron excelentes.
¿Se han caído las fronteras del mundo?
La historia de la humanidad nos habla de las múltiples inmigraciones acaecidas en todas sus épocas. Este fenómeno se puede considerar como algo normal. Las pateras que vemos llegar a nuestras costas son un fenómeno trágico. Estamos hablando de personas que dejan sus países por culpa de una pobreza inaguantable. Esta pobreza está originada, la mayoría de las veces, no por falta de riqueza, de recursos, sino por culpa de la corrupción y la explotación internas o externas (lo que llamaríamos los países explotadores, de los cuales nos beneficiamos). En muchas circunstancias, estas personas han sido engañadas por lo que se ha venido a llamar las mafias. Estas mafias, que ganan mucho dinero, hacen creer a la gente que, llegando a Europa, van a encontrar, por fin, el paraíso terrenal.
Al llegar hoy, encuentran países sumidos en una crisis económica. Además, muchas personas no están dispuestas o preparadas para acoger a gente extranjera que viene de los países pobres o que no tiene la misma religión. Decimos que vienen a beneficiarse de nuestras riquezas, de nuestro bienestar. ¡Si fuera gente rica…! Acogemos sin dificultad y hasta con alegría a los millones de turistas que visitan nuestro país. Estos nos enriquecen.
¿Qué mensaje dejaría a los lectores de El Adelanto Bañezano?
Me gustaría hacer realidad el mensaje de fraternidad que profesamos por el hecho de ser cristianos, hijos del mismo Padre. Dios manifiesta su bondad y su misericordia a todos las personas, sin esas distinciones creadas por nosotros. Ese mensaje de fraternidad es el que hemos querido compartir los misioneros acercándonos a las gentes de otra raza, cultura, nación o estatus social.
Gracias, por su testimonio, Padre Eugenio.
Julio Falagán (Delegado Diocesano de Misiones)














