Daniel Guedella Ramos: Escultor

3 de diciembre de 2012
DANIEL GUEDELLA RAMOS

Nació en La Bañeza, en 1983. Estudió el Bachiller en la Escuela Artes de León y se licenció en Bellas artes en la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo una beca Erasmus para estudiar nueve meses en La Academia de Bellas Artes de Florencia (Italia) y una Beca Séneca que le permitió finalizar sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de Granada.

<strong>¿Qué buscas trasmitir con tus obras artísticas?</strong>


Supongo que, dependiendo de para qué o quién esté dedicada la obra, me marco un objetivo, pero en general una obra tiene que tener un “gancho”, algo que te agarre y te atraiga, que la haga diferente y única. Llámese expresividad, fuerza o vida.


<strong> ¿Cuándo te iniciaste en la escultura?</strong>


Recuerdo que de niño siempre me gustó hacer castillos de arena que encontraba a pie de obra; pero eso no sé si vale…
Fue en 2001 cuando entré en la Escuela de Arte de León, en la que, entre otras disciplinas, cursé Volumen. Esta asignatura, impartida por Charo Acera, me introdujo en la escultura. Charo es una gran maestra, de esas que te cambian el curso de la vida. A ella debo mi base y pasión por la escultura.


<strong>¿Hay algún trabajo que te haya impresionado?</strong>


Bueno, existen gran cantidad de obras maestras repartidas por los siglos. Es difícil citar alguna.
Pero una que recuerdo con especial emoción al verla, fue la escultura de Hércules Farnese de Lisipo, el escultor de Alejandro Magno.
Se encuentra en el Museo Arqueológico de Nápoles y es un mármol “bárbaro”, de tres metros de altura. La figura de Hércules tiene un modelado tondo y contundente, a la vez que parece relajado  sobre una columna; es una maravilla.


<strong>¿Qué diferencias encuentras con otras artes, como la pintura?</strong>


Técnicamente las diferencias son grandes. Mientras la escultura se desenvuelve en el espacio tridimensional para vivir en la forma; la pintura lo hace en un espacio bidimensional, para crear la ilusión óptica del espacio, y su fuente es la luz y el color.
Formalmente no existen diferencias entre las artes; a mi parecer todas tienen el cometido de transmitir y no dejar indiferente a los sentidos.


<strong>¿Crees que hay que nacer con un don para el arte?</strong>


Sí y no, y no y sí. Me explico: hay personas que nacen con predisposición, con una sensibilidad ya dada, así que tienen una parte del camino hecho, pero sólo un trozo. Existe el cuento de la liebre y la tortuga también en las artes.
Todos tenemos un cometido en esta vida, hay quien nace para ser músico y hay quien nace para ser frutero, pero no todos llegan a ser lo que realmente llevan dentro. Sin embargo se necesita arte hasta para vender una fruta (sin ánimo de ofender al gremio).
El arte también se aprende y la sensibilidad se desarrolla; solo hacen falta ganas y predisposición a ello. Por eso animo a todo el mundo a que se realice, a que pruebe y no se desanime al primer intento.


<strong>¿Cómo ideaste la escultura de Charo González?</strong>


A partir de fotografías y más fotografías, de dibujos, de estudio psicológico, incluso de un vídeo.  Modelé bocetos en barro a pequeño tamaño. Me ayudó hablar con personas que conocían a Charo y me contaban anécdotas o detalles de su vida. Así me “empape” de Charo antes de empezar a modelar a tamaño natural.
Todo el proceso está documentado en fotografías que sacó mi amigo Jorge Troitiño. Ahora se encuentran, junto con la escultura, en la exposición del museo de La Harinera de La Bañeza.
Animo a todo el mundo a acercarse un ratito a verla. Es una escultura en su contexto de trabajo, por eso creo que el conjunto resulta muy entretenido y didáctico de ver.


<strong>¿De qué obra te sientes más orgulloso?</strong>


Estoy muy satisfecho del resultado de la referida escultura de Charo. Creo que es mi primer trabajo de envergadura y también de madurez; se trata de una obra que llevé a cabo con un rigor constante y considero que este esfuerzo me ha hecho crecer y ha merecido la pena. Estoy muy agradecido a Don Conrado Blanco por brindarme esta oportunidad y confiar en mis capacidades para llevar este trabajo a buen término.


<strong>¿Tiene futuro la escultura?</strong>


La escultura es para el hombre, desde los tiempos más remotos, compañera de civilizaciones, su pétreo reflejo, su ideal, su tótem, un icono, un homenaje, o punto de encuentro o de adoración.
Más bien diría yo ¿tiene futuro el hombre?


<strong>¿Algo que añadir?</strong>


Dar las gracias a todas las personas, amigos y familiares que me han apoyado y dado ánimos en este proyecto. También quisiera dar las gracias al Ayuntamiento de La Bañeza, por su atención y   colaboración con las salas de exposiciones.

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