Monseñor Juan Antonio Menéndez Fernández: Obispo de Astorga

24 de marzo de 2017
MONSEÑOR JUAN ANTONIO MENÉNDEZ FERNÁNDEZ

Don Juan Antonio Menéndez Fernández nació en Villamarín de Salcedo (Asturias) en 1957. Ingresó en el Seminario Metropolitano de Oviedo en 1968, donde realizó los estudios de secundaria y posteriormente los estudios eclesiásticos, obteniendo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 10 de mayo de 1981 en la parroquia del Sagrado Corazón de Villalegre (Avilés). En 2005 obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico por la Universidad Pontifica de Salamanca.
Fue ordenado Obispo Auxiliar de Oviedo, asignándole la sede titular de Nasai, el 8 de junio de 2013. Es Obispo de Astorga desde el 19 de diciembre de 2015 y, en la 109ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, que tuvo lugar la semana pasada, fue nombrado presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones. Hoy pregonará la Semana Santa de La Bañeza.

<strong>¿Cuándo surgió su vocación sacerdotal?</strong>


Nací dentro de una familia cristiana, en una rectoral, porque mis padres atendían al sacerdote del pueblo, y desde niño participé en la vida religiosa, pero fundamentalmente mi vocación nació un día de Jueves Santo, cuando mi madre me dijo que había que ir a matricularme a Grado, donde estaba el Instituto, y yo le respondí que quería ir al Seminario. Fue como un impulso del Señor y desde entonces no he tenido duda de ella. Es curioso que una decisión tomada con 11 años condicionó toda mi vida para bien y me ha hecho feliz.


<strong>¿Por qué escogió como lema Santificetur nomen tuum?</strong>


Porque siempre tuve una gran devoción por el Padrenuestro, me parece que es la oración más hermosa que hay sobre la tierra y la única que debiera haber, porque es un signo de adoración y confianza en Dios. Todas las peticiones que hace el Padrenuestro es lo que en esencia busca el hombre en este mundo.


<strong>¿Hay algunas virtudes que considere esenciales para ejercer la labor episcopal?</strong>


La humildad, y sentirse en la dinámica del misterio de la encarnación de Cristo. Así como el Señor se despojó para hacerse hombre y se abajó a nosotros, también nosotros hemos de abajarnos para que estemos siempre disponibles, abiertos y en contacto con todos, especialmente con los más pobres y sencillos. En cuanto al gobierno como tal, la prudencia y la templanza, acompañadas de la inteligencia.


…………….(Puede leer la entrevista completa en nuestra edición impresa)

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