PADRE MARCO ANTONIO SAAVEDRA QUIEL
Nació en Panamá, en 1961. Estudió en la Universidad de Salamanca, ingresó en la Congregación de los Misioneros de Mariannhill e hizo sus primeros votos en 1989.
<strong>¿Cómo nació su vocación misionera?</strong>
Primero, de una invitación que me hace un sacerdote a participar en un grupo de jóvenes, y lo segundo fue un poco saber leer entre los signos de los tiempos las necesidades de la iglesia y lo que me llenaba a mí: querer llevar el Evangelio a tantos hombres y mujeres que no conocen a Cristo. Muchas veces se escucha hablar y se ha podido leer el Evangelio, pero sin vivencias que nos lleven al encuentro del Salvador.
<strong>¿Hay que estar hecho de una pasta especial para ser misionero?</strong>
Hay que tener una fortaleza para superar muchas barreras y obstáculos que no impidan que sigas tu camino.
<strong>¿En qué países ha ejercido el ministerio?</strong>
Recién ordenado fui destinado a Sudáfrica. Aunque oficialmente no había apartheid, te dabas cuenta de que todavía existía en el corazón de muchos hombres y mujeres, así como la segregación de algunas personas hacia los africanos y de los africanos hacia los blancos. A los misioneros nos tocó ayudar a la integración entre todos, hacerles ver que era un país para la convivencia de todas las razas. Luego volví a España a trabajar dentro de la congregación y me tocó hacer animación misionera y otras tareas que me encomendaron. En 2008 empezamos un proyecto en el vicariato misionero de Trinidad (Colombia), después volví a Madrid, porque los misioneros tenemos que pasar alguna vez por una actualización, tanto en la salud física como en la parte espiritual y psíquica, y ahora voy destinado a Papúa Nueva Guinea.
<strong>Háblenos de la labor que realiza.</strong>
Trabajamos en la diócesis, en las parroquias, hacemos extensible el conocimiento del Evangelio. Intentamos entrar a través de la cultura para evangelizar y también motivar a la juventud, para que se conozcan como personas y tengan un sentido de las oportunidades que se le ofrecen. Muchas veces hay que tratar especialmente a las chicas por el trato que les dan sus propias madres. El día a día depende de los proyectos que te hayas planteado para que esas personas vivan en su dignidad de cristianos, como la alfabetización, el desarrollo rural, la elaboración de alimentos, atender un dispensario médico o tener una pequeña biblioteca. Pero lo más importante es ayudar a rescatar la imagen de muchas personas que han sido pisoteadas a lo largo de su vida. La campaña del DOMUND es fundamental para ayudar.
…………….(Puede leer la entrevista completa en nuestra edición impresa)
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