MARIVI DIAGO
María Victoria Diago es jefa de Cirugía General y de Mama del Hospital de León. Ha sido elegida madrina de la XVI Marcha Popular de la Esperanza y hemos querido hablar con ella para conocer un poco más de su vida, de su trabajo y de sus sensaciones respecto al evento del domingo 18.
<strong>¿Desde cuándo ejerces en León?</strong>
Soy una cirujana general y del aparato digestivo que vino a León en el 1991 a realizar la residencia en Cirugía General. Al principio me ocupé del cáncer de colon y de mama y desde el 2007 puse mayor énfasis en esta última patología tanto en su vertiente benigna como en la maligna.
<strong>¿Podrías explicarnos cuál ha sido tu experiencia en el acompañamiento al enfermo de cáncer?</strong>
Los pacientes oncológicos son muy especiales en el sentido de que esta palabra se asociaba con el fin de la vida. En estos treinta y dos años de ejercicio en el Hospital Universitario de León, el diagnóstico y el pronóstico de la enfermedad, que es lo más importante, ha evolucionado mucho, de manera que la palabra “cáncer” sigue asustando; pero casi todo el mundo conoce a familiares o amigos que han sido intervenidos de cáncer y llevan mucho tiempo de supervivencia. Lógicamente, no todos los cánceres tienen el mismo pronóstico y los hay peores. Por lo tanto, el acompañamiento va a depender de la experiencia que el paciente haya tenido antes con la enfermedad. En nuestro caso, el acompañamiento es como el de otro paciente, si bien es verdad que se dedica mucho más tiempo a las consultas con ellos en el pre y posoperatorio. Sin embargo, el acompañamiento mayor es el que podemos hacer junto a la Asociación Española Contra el Cáncer, con la que tenemos mucha relación.
<strong>En tu campo debes sentirte muy realizada porque, aunque muchas veces haya tristeza, vosotros ofrecéis esperanza a situaciones radicales.</strong>
Salvando las distancias, podemos decir que todos los cánceres tienen esperanza y que siempre hay que aportar esperanza. En mi caso, los pacientes ponen mucha en la cirugía de cánceres como los del tubo digestivo. Sin embargo, el de mama es muy distinto porque las pacientes suelen ser asintomáticas y no presentan tumores palpables, descubriendo su dolencia a través de una mamografía. A estas pacientes, que desde el punto de vista médico tienen muy buen pronóstico, les cuesta mucho más aceptar la enfermedad, porque son personas sanas a las que de forma ocasional se les diagnostica un cáncer, hecho que resulta más difícil de asimilar a la hora de plantear una intervención quirúrgica, aunque suelen terminar aceptando su situación esperanzadoramente.
Puede leer la entrevista completa en nuestra edición impresa.
Álvaro Lobato














