Todavía sigo emocionado. El pasado 29 de mayo de 2025 en Braganza, cuando actué para la flor y nata de los cervantistas internacionales, sucedió algo mágico, inefable: la palabra de Cervantes volvió a resonar en el aire transportándonos a todos los que estábamos en el auditorio Paulo Quintela al Siglo de Oro.
Cuando el Dr. Michel Gordon, de la U.N.C. Wilmington, me presentó al público e introdujo el primer romance con sus reflexiones y aclaraciones, respiré hondo y pensé: «Crispín, esto es lo que siempre has soñado: compartir tu arte con quienes han dedicado su vida al Quijote».
A partir de ahí lo que vivimos fue más que un concierto: una fiesta de la palabra.
Michael y yo nos transformamos en Don Quijote y Sancho en busca de aventuras: él abría ventanas académicas, yo las inundaba de música y teatro. Ambos sabíamos que Cervantes solo se disfruta cuando se comparte…¡como aquellos romances que rescatamos del polvo de los siglos!
¡Y qué honor! Firmar nuestro CD (publicado en 2018) entre abrazos y felicitaciones de los más eminentes cervantistas de España y del mundo. Supimos entonces que habíamos logrado nuestro objetivo: no hubo ponencia, libro ni debate que hiciese vibrar a los asistentes al congreso como aquellos romances del Quijote, que traspasaron fronteras con el lenguaje universal del quijotismo.
Gracias, a la Asociación de Cervantistas, al Dr. Michael Gordon, atento a todo lo necesario para que el acto resultara un éxito y a la organizadora del XV Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas, la Dra. Alexia Dotras, por darnos la oportunidad de actuar durante su celebración y por recordarnos que Don Quijote sigue cabalgando en la voz de quien lo comparte. Esa tarde, Braganza se convirtió en nuestro Clavileño.














