Domingo del Prado
Hoy, solo por esta vez,
sin que el precedente valga,
aquí me explayo en plan serio,
en vez de hacerlo en plan guasa:
Tengo tristeza en el cuerpo,
y más tristeza en el alma,
porque se ha muerto Francisco,
nuestro muy querido Papa.
Fue un Papa muy sencillo,
que de Argentina llegaba
huyendo de todo boato
y toda parafernalia.
No me meto con sus logros,
que de eso no entiendo nada;
tan solo quiero decir
en muy poquitas palabras:
—¡Querido Papa Francisco,
ve con Dios y en paz descansa!
Papa revolucionario,
por “la periferia” pasa,
enseñando nuevas sendas
de absolución y de gracia,
con palabras de acogida,
de perdón y de esperanza.
Igual que a La Magdalena
no quiso Dios condenarla,
dijo el bueno de Francisco
que hay que tener “manga ancha”
y hay que abrir la puerta a todos
como si fuera su casa,
que en la Iglesia, para nadie
está la puerta cerrada.
Sean pobres, o abandonados,
o gente de otra calaña,
hay que admitirlos a todos
y a nadie negar la entrada.
Lunes, 21 de abril,
al clarear la mañana,
cargado de buenas obras
ascendió al cielo el Papa.
Con un día de diferencia
al Resucitado abraza,
después de sufrir con Él
toda la semana Santa.
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