Domingo del Prado
Estaba La Hispania entera
llena de fango hasta el fondo.
Ocho casos la han sumido
en un profundo bochorno.
El primer caso tenía
alto contenido erótico:
El de un hombre que, en Moncló
era el segundo de a bordo,
—El vice de aquel gobierno
progresista y muy pomposo
que presidía con orgullo
un sucesor de Pinocho,
que hacía lo que le ordenaba
el fugat de Gua ther Lóo—.
El tal hombre mencionado,
cuyo nombre yo no pongo
porque ya sabéis quién es,
pues avispados sois todos,
cuando estaba arrellanado
en puesto alto y poderoso,
contrató a una meretriz
—de prostituta sinónimo—
y… ¡PUM! explotó el escándalo:
—A esta yo me la coloco.
Y acabó bien colocada,
con sueldo bastante gordo
por hacer, presuntamente,
cosas que yo aquí no nombro
y en el curro hacer novillos
o, más que novillos, toros,
—lo digo por las ausencias,
no por los cuernos frondosos,
aunque en cuestiones de cuernos
fue un torero muy famoso
pues corrió muchas corridas
pagadas con nuestros fondos—.
Eso es lo malo del caso
d´esta historia de dos rombos,
que esos sueldos los pagamos,
presuntamente, entre todos.
El segundo y triste caso
que me produce sonrojo
es el del pobre Fiscal
General, que sufre acoso
viendo el futuro muy negro
—o, al menos, algo borroso—
por borrar, presuntamente,
los mensajes, sospechoso
de revelar un secreto
de Doña Yuso y su novio,
diciendo: —Por si me pillan,
por si las moscas, los borro.
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