Después de cuatro años luchando por sobrevivir a un envenenamiento y a un ataque con ácido, Marcos Bas nos cuenta cómo va su nueva vida, focalizada en su pasión por sus hijos y el deporte. Recientemente, el TSJ de Castilla y León ha confirmado la sentencia de la Audiencia de León que condenó a su expareja a 12 años y 6 meses de prisión por intento de asesinato.
Cuéntanos algo sobre ti
Soy de La Bañeza, pero nací en París en 1984. Estudié en el San José de Calasanz, el IES Ornia y un año en la laboral. Con 19 años me alisté en el ejército. Estuve en el de Tierra y luego en el del Aire, donde me hice soldado permanente y ascendí hasta sargento primero. Me vi obligado a prejubilarme porque me han dado una incapacidad absoluta por todo lo que pasé.
¿Qué secuelas te han quedado del envenenamiento?
Cuando salí del hospital me dieron una minusvalía del 99 por ciento y actualmente tengo un 78. Hay que tener en cuenta que estuve en coma más de cinco meses y en cama otros ocho. Cuando me desperté (del coma) pensé que estaba viviendo una pesadilla porque ni veía ni recordaba nada. Ni siquiera sabía quiénes eran mis hijos.
La recuperación ha sido parcial y lenta
Poco a poco y con mucho trabajo fui recuperando la conciencia. En este sentido, la psicóloga Marián Fuertes me ha ayudado muchísimo a recordar y a ordenar la mente. En cuanto a la vista, al salir del hospital me detectaron una discapacidad del 99 por ciento. En la actualidad es del 97, porque gracias al deporte estoy activando el riego sanguíneo en los ojos. Existe una posible operación quirúrgica, pero me he acostumbrado a ver así y no me gusta la idea de volver a andar de hospitales.
¿Cómo ha limitado tu vida la falta de visión?
Cuando me cruzo con una persona veo su silueta y solo puedo reconocerla por la voz. Además, los baches, así como otros obstáculos y barreras que hay en La Bañeza, me los he aprendido de memoria a base de tortas. En la cocina, por ejemplo, para saber cuando está hecho un filete no me queda más remedio que meter la mano y quemarme. No hay otra forma de aprender.
¿Has encontrado una buena red de apoyo después de todo lo que has pasado?
Me he tenido que mover por mi propia iniciativa. Sin ir más lejos, la ONCE no me ha apoyado en nada, ni siquiera para ayudarme a comprar una bicicleta tándem para entrenar. En una sección de deporte adaptado, la Federación de Atletismo de Castilla y León se ha interesado después de las carreras que he corrido con mi entrenador y guía David Rodríguez “Vizo”. Pero todo ha corrido de mi cuenta. Nadie me ha facilitado nada.
Pertenezco también a una asociación militares y guardiaciviles con discapacidad, ACIME, aunque llevó allí desde septiembre y aún no conozco bien las actividades que desarrollan.
Cuéntanos lo importante que son tus hijos para ti
Tengo dos hijos: uno de doce y un pequeño de nueve. Los tres vivimos de forma autónoma e independiente en La Bañeza. Si no llega a ser por ellos, no hubiera tenido voluntad para seguir vivo. Si hago deporte y me ocupo de ellos y de las tareas del hogar, hasta donde puedo, es para que el día de mañana tengan un ejemplo que seguir y se pregunten: “si mi padre cuidaba de sus hijos, ciego y cómo estaba, ¿qué no voy a hacer yo por los míos?”.
¿Cómo es tu día a día en tu nueva situación?
Me levanto por la mañana, despierto a los chavales, les hago el desayuno, los preparo y los llevó al colegio. Luego me tomó un café y entreno cuando están en clase. Por la tarde no puedo hacer deporte porque tienen actividades extraescolares. Quiero añadir que vivimos a 1’8 kilómetros del colegio y que hago el camino de ida y vuelta andando y con mi discapacidad visual, por lo que me gustaría encontrar alguna pequeña subvención o ayuda para facilitarme el día a día.
¿Qué te ha aportado el deporte a tu nueva vida?
Cuando desperté en el hospital, el médico me dijo que el 98% de la gente no sobrevive a un envenenamiento de ese calibre y, de los que lo hacen, solo el 50% se levanta y vuelve a caminar. En consecuencia, dentro de lo malo no estoy en lo peor, y el deporte me ha ayudado mucho.
¿Cómo conociste a tu entrenador David Rodríguez “Vizo”?
Conocía a David a través de su familia. Cuando iba a la piscina volvió a meterme el gusanillo del deporte por dentro y desde que estoy con él ya no he podido parar. Si no fuera por Vizo, ahora estaría sentado en la barra de un bar con treinta kilos más y una cerveza en la mano.
¿Qué rutina de entrenamiento seguís?
Tres o cuatro días a la semana de carrera a pie, un día de gimnasio y un día de natación. En invierno bajamos un poco el ritmo.
¿Cuál es el próximo objetivo deportivo que os habéis marcado?
El 12 de junio en Salamanca tenemos una carrera de 5 kilómetros y hay otra en Astorga en mayo. A medio plazo, después de adaptarme a la bici, me gustaría participar en un triatlón y en la media maratón de León.
¿Quieres añadir algo más?
Me gustaría que mucha más gente practicase deporte. Cuando voy al circuito del río a entrenar, me encanta sentir cómo pasan los que caminan o corren.













