Domingo del Prado
El pasado día 20,
—una fecha destacada,
cuando ya hace medio siglo
que el dictador la palmara—,
parió el Tribunal Supremo
sentencia ligera y rápida,
pues la justicia es más lenta
que una tortuga cansada
y apañola el tribunal
en menos de una semana.
Siete grandes magistrados
del Su Primo, al fin soltaban
a los medios esa bomba
y al fiscal lo condenaban
a dos años aparcado
y con la toga colgada
—ojo, que toga es con “t”,
no con “s”, que es más trágica—.
Garcy y Ortiz, el Fiscal
General de Las Hispanias
en su Primo Tribunal
tan panchito declaraba.
Muy seguro de sí mesmo,
con apoyo del que manda,
se presenta con su toga
presuntamente manchada
—ese sayón tan oscuro
que parece una sotana—
a que lo juzguen sus súbditos
en esa su Prema sala.
A pesar de que sus watsapp
el fiscal antes borrara,
no me negarán, lectores,
que la cosa tiene guasa.
Con los ojos como platos
más grandes que palanganas,
unos a otros mirábanse
los ciudadanos de Hispania.
El Gran Fiscal General
de los bosques y majadas,
encargado de cazar
a corruptos y alimañas,
por una vez fue cazado:
—Señoría, ¡qué mala pata!
El Cazador General
habíase ido de caza
por los jurídicos montes
con algunos de su banda
y, en singular cacería,
disparó presuntas balas
hacia el novio y Amador
de la presidenta amada
que gobierna Los Madriles
con mayoría, a sus anchas,
y creo que le dio de lleno
al Amador en sus nalgas.
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