Lo he explicado en varios sitios. Mi hija cumplía 18 años, le encanta leer y llevaba tiempo diciéndome que por qué no escribía un libro. Me pareció que sería un bonito recuerdo.
Eres una persona de iniciativas: ¿quizá esta haya sido una de las más difíciles?
No sé por qué lo dices, pero no, la más difícil fue decidir opositar a notarías: 9 años, 10 horas al día y 6 días a la semana encerrado en una habitación. Eso sí fue difícil.
¿Qué fue lo que más disfrutaste al escribir ‘El banco más bonito del mundo’?
No sabría decirte. Escribía a escondidas de 5 a 7 de la mañana, en la cocina o en una mesa de La Hacienda y es cierto que cuando puse FIN me quedé un poco: “¿Y ahora qué?”. La verdad es que no imaginaba lo que vendría después.
¿Puedes contarnos algo sobre el argumento y los temas que tratas?
Es difícil sin hacer spoiler. Básicamente la historia gira en torno a dos personajes: Paloma y Sabrina. La primera tiene toda la vida por delante, la segunda cuenta su vida desde su vejez.
La vida de Sabrina estuvo marcada por los convencionalismos de la época que le tocó vivir hasta que enviuda y decide ser ella misma. La de Paloma, a pesar de los años transcurridos y del radical cambio social, parece que sigue el mismo destino. Y hasta ahí puedo leer.
¿Tu trayectoria profesional y vital ha influido en el contenido del libro?
No. Evidentemente ciertos personajes o situaciones pueden haber sido sacadas de la realidad que yo he podido observar. Por ejemplo, la descripción de un área de servicio, cualquiera que haya estado en La Hacienda le sonará. Sería absurdo negarlo, pero si estuviese basado en mi vida sería bastante triste.
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Joaquín Ramírez













