La Iglesia diocesana se sumó a la celebración de la Jornada Mundial del Trabajo Decente con un acto reivindicativo en la Plaza Mayor a la salida de la Misa de las 20:00 horas del sábado 11 de octubre. En concreto, se desplegó una pancarta alusiva y se leyó un manifiesto en el que se defendió que el trabajo decente, lejos de ser un privilegio, es un derecho irrenunciable, y que resulta vergonzoso que, en el año 2025, después de décadas de conquistas sociales, aún se tenga que alzar la voz para reclamar condiciones de trabajo fundamentales: un salario justo, entornos de trabajo seguro y saludable, respeto a los horarios y al descanso, así como la igualdad de trato sin distinciones. Asimismo, se denunció el riesgo de exclusión social entre colectivos como los jóvenes, las mujeres, familias con menores a cargo o los migrantes, dado que el trabajo que se genera hoy no siempre es camino de inclusión. Frente a esto, apelaron a la llamada a la esperanza que hizo el Papa Francisco al inicio del Jubileo de la Esperanza, una esperanza que construye, denuncia y crea alternativas. El acto estuvo presidido por el administrador diocesano Javier Gay.
Joaquín













