José Dionisio Colinas Lobato
En cuanto al viejo monasterio de Ageo, hemos de suponer que durante estos años después que se fuera Genadio para San Pedro de Montes, o el tiempo que estuvo como Obispo en Astorga, siguiera habiendo una fuerte y buena conexión con él, en especial aquellos años en que el santo ocupara la silla como prelado de la Diócesis Asturicense.
De entre aquellos monjes que vivieron después de haberse ido Genadio, bajo los muros del monasterio, entre los estudios e investigaciones realizados, se tiene la prueba de aquellos monjes que aparecen como seguidores de Genadio y que le acompañaron sobre todo en esa empresa Berciana saliendo de Ayoó, y así tenemos a Vicente, abad que fue sucesor de San Genadio cuando este fue reclamado para ocupar la silla episcopal de Astorga; Urbano, que llegaría a ser abad del monasterio de Peñalba; Martín, abad del monasterio de San Martín de Montes; Donadeo, abad del monasterio de Santa Leocadia de Castañeda; Fortis, el hermano monje preferido por San Genadio y sucesor que fue en el Obispado de Astorga por consejo del monarca Ordoño II, al que también en toda la diócesis se le tenía mucha veneración; o Salomón, abad del monasterio de San Justo y pastor de Compludo, el que tuvo a San Genadio como maestro y padre. El hecho es que, de este lugar de sabiduría y enseñanza de Ageo, Ayoó, salieron estos hermanos para ampliar y reedificar aquellos otros que en la diócesis de Astorga se estaban reedificando y consagrando.
El P. Fr. Justo Pérez de Urbel nos presenta a Genadio y da una visión de un monje por los caminos leoneses, con un códice bajo el brazo y un azadón en el hombro como símbolo de monje colonizador de la Edad Media, y detrás de él, sus hermanos, animados con el fin de encontrar la santificación en aquellos lugares donde antes habían vivido otros santos.
Estando ya concluida la obra en San Pedro de Montes, el obispo de Astorga Ronulfo tuvo a bien nombrar y consagrar a San Genadio como abad para que rigiera el lugar y sus destinos bajo la regla de San Benito (892). En aquellos años, el Monasterio contó con privilegios dados por Ordoño II, como aquel sobre el valle de la Valduerna, en una visita que hace al lugar de Montes con su esposa doña Elvira en el que dice:
«Doy, pues, a vuestra casa, para el sustento de los religiosos que han de vivir en este lugar, la villa que llaman “Iglesia Alba”, junto al río Duerna, con todas sus posesiones, huertos, prados, palomares, así como la tercera parte del agua que corre por la Fontoria».
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