COMUNIDADES

24 de mayo de 2025

Domingo Cano

Recientemente he asistido a un evento religioso en Madrid, de tipo familiar, y tuve ocasión de comprobar con cierta perplejidad, lo reconozco, varias cosas.
La primera es que hoy en día la liturgia católica, independientemente de tu grado de fe, da paz. Inspira tranquilidad. Estas a gusto en una iglesia. Quizás tenga que ver con la frecuencia. No lo sé.
La segunda fue una constatación de un fenómeno que ya he tenido ocasión de comprobar en otras capitales grandes: hay grupos de jóvenes totalmente implicados en la vida parroquial de su barrio, de su ciudad. Algo que hace unos años, quizás existía igual, pero no era visibilizado de una manera tan clara. No lo sé, como de casi todo.
Y ver esto te lleva a pensar: ¿por qué?
¿Por qué jóvenes que viven en ciudades grandes donde, precisamente, tienen al alcance de la mano todas las opciones de ocio, eligen reunirse en su parroquia, crear grupos de colaboración social, viajar juntos, asistir a conciertos…, pero todo dentro del contexto de la religión católica?
Y, ¿por qué, sin embargo, en los pueblos grandes (o ciudades pequeñas, me da igual el nombre) como el nuestro, sigue siendo tan difícil que los jóvenes hagan lo mismo?
Nuestro joven e hiperactivo vicario parroquial dará fe de lo difícil que le resulta. Y no será porque no hace lo mismo que las parroquias de ciudad. Mucho más, diría yo.
A mí se me ocurre que la palabra clave es: DESHUMANIZACIÓN. Pero en el sentido inverso del que se está pensando al leerlo, y me explico…

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