ANTONIO COLINAS LOBATO
En el incipiente Jardín Romántico nos encontramos con Antonio Colinas (La Bañeza, 1946). Un nuevo rincón que te puede llegar a ofrecer un completo hilo musical: el rumor del agua de la fuente, el sonido alterado de los grajos en el cielo y la aparición estelar al mediodía de las campanas de la Iglesia de Santa María. Nada sobre lo que nuestro invitado no haya escrito ya.
<strong>El libro ‘Memorias del estanque’ arranca con un episodio de su vida en el que, siendo aún un niño, una tormenta de verano te rescata de una fiebre en pleno mes de agosto. Aquel hecho y la crianza entre ríos (Órbigo, Tuerto, Duerna, Eria…) llevan a determinar la trascendencia del agua, en sus diferentes formas, muy presente en tu vida y en tu obra…</strong>
Ese día era un niño enfermo, propio de aquella época de posguerra. No existían los antibióticos y estaba con una gran fiebre, francamente mal. Era San Roque (16 de agosto), el día en que aquí suele acabar el verano. Llegó una tormenta muy fuerte y mi madre me cuenta que desperté. Volví a la realidad, se quitó la fiebre.
El agua, que fluye en los ríos de nuestras comarcas que me recorrí a los 15 años. Lo hice con una bicicleta Orbea que me regalaron cuando aprobé la reválida de 4º. Conozco nuestro territorio de una manera muy temprana y muy directa.
<strong>¿Cómo ha cambiado La Bañeza a lo largo de los años? ¿Hay algo concreto que eche de menos?</strong>
María José (su esposa) dice que La Bañeza de ahora es la de hace 50 años. Yo creo que no. Esa Bañeza que quizá ensoñamos pero que fue verdad: íbamos en la hora de la siesta a bañarnos al río, a escondidas de nuestros padres, las pandillas de amigos y amigas con las bicicletas, el monte, las romerías… Era una vida más humilde, pero muy entrañable. No había televisión y todos los juegos desembocaban en la Plaza Mayor: el Día de Reyes todos los niños íbamos allí con nuestros juguetes.
Las ciudades cambian y hoy hay una Bañeza de progreso, muy viva culturalmente y en acontecimientos como la competición de motos o el carnaval. A mí me gusta más decir ‘La Bañeza de la alegría’ que ‘de la juerga’.
……..(Puede leer la entrevista completa en nuestra edición impresa).
Víctor Blanco/Marta Miguélez













