BENIGNO GONZÁLEZ VALVERDE
Nació en La Bañeza, en 1921. Empezó a estudiar música en 1933, en la Academia, situada entonces en el edificio de la Escuela Villa, y se incorporó a la Banda Municipal de Música al año siguiente. Durante la guerra civil siguió tocando y en 1942 entró en quintas y le tocó ir a tallarse a Astorga, donde estuvo en la mili por espacio de 46 meses. Trabajó de aprendiz de peluquero, de empleado en la Exportadora Bañezana, de albañil en Santa María del Páramo y acabó montando un taller de carpintero, oficio que desempeñó hasta su jubilación.
<strong>¿Quién fue su primer profesor de música?</strong>
Don Potenciano, que me enseñó solfeo y el manejo del instrumento y también fue, para mí, el mejor director que hemos tenido en La Bañeza. Era una persona que sabía mucho y ensayábamos todos los días con él.
Su hija Elisa era profesora de piano y toqué muchas veces en el Casino con ella. En algunas ocasiones estuvimos acompañados por el maestro Odón Alonso.
<strong>¿Qué es para usted la música?</strong>
Algo que a mí me ha ayudado mucho y a lo que tienes que tener afición para no dejarlo. Si no disfrutara con ella, no hubiera estado en la Banda tantos años. Es una buena compañía y más cuanto te falta la mujer.
<strong>¿Formó parte de alguna orquesta?</strong>
Así es. Se llamaba Orquesta Brasil y la componíamos cinco personas: Manolo, Paco, Mayo, Cordero y yo. Tocábamos el saxofón, el clarinete, la trompeta y la batería. Amenizábamos los bailes en el Casino y en el Círculo Mercantil casi todo el año. Solamente existía nuestra orquesta y la Imperial, de mi tío Claudio Toral.
Cuando Bonifacio Miranda abrió el Café Minuto pasaron por aquí Lola Flores, Melina Romero «la Alemanita» y otras artistas, y nos tocó acompañar musicalmente sus actuaciones, por las que cobrábamos 28 pesetas cada uno. Nos daban la partitura y teníamos que ponernos a tocarla con muy pocos ensayos, puesto que no había tiempo para hacerlos. También estuve colaborando con Los Atómicos.
<strong>¿Qué tipo de música interpretaban?</strong>
Todo lo que salía nuevo, estábamos al día. Teníamos un carnet de profesional y nos daban un papel donde escribíamos los títulos de las piezas que interpretábamos en cada momento, y todos los meses nos mandaban música nueva.
<strong>¿Hacían lo que se denominan ahora giras?</strong>
Muchísimas. Hemos tocado en todos los pueblos de la zona y en algunos más alejados. Tocábamos en fiestas, bodas, pasacalles… También, cuando llegaban las fiestas, íbamos por las casas de los pueblos a tocar y unos te daban una docena de huevos, otros te invitaban a tomar algo…
<strong>¿Y qué decía su mujer de tanto viaje?</strong>
No le gustaba que tuviera que dejarla en casa, pero como traía dinero… Un día fuimos a tocar a Santa Elena de Jamuz y, fíjate el frío que pasaríamos, que se helaba el vaho del instrumento, y como la gente no paraba de decir: más música, más música… teníamos que seguir.
<strong>¿Tuvieron algún problema?</strong>
Un día de San Antón estábamos tocando en el Monte Iglesias y después fuimos a tocar a Requejo de la Vega. Mayo me dijo: vete a Requejo y vas empezando el baile. Una persona se negó a que tocáramos y tuvimos que dejarlo. En otra ocasión, en un pueblo de Zamora tocamos encima de un carro y, en plena actuación, se empezó a mover y tuvimos que tirarnos en marcha. Otra vez fuimos a Veguellina de Órbigo, para coger el tren hacia el Bierzo, donde nos habían contratado, y, cuando estábamos en marcha, tuvimos que tirarnos del vagón porque a un compañero se le había olvidado la trompeta.
<strong>¿Siempre tocó el saxofón?</strong>
No. Empecé tocando el clarinete de 13 llaves y, después de sufrir un accidente en un dedo con una máquina de la carpintería, pasé a tocar el saxofón, porque ese dedo era imprescindible para el primer instrumento.
<strong>¿Qué evolución ha observado en la Banda Municipal?</strong>
No muy buena. La directora hace lo que puede, dados los integrantes con que cuenta. Antes tocábamos todas las zarzuelas que existen (que es la música que más me gusta interpretar) y ahora no se puede tocar ni una, porque la juventud no quiere ensayar ni tiene interés en mejorar. Entonces se exigía mucho más a las personas que quisieran pertenecer a la Banda, había mucha más seriedad y profesionalidad. Los directores que más recuerdo son don Potenciano Pardo, mi tío Claudio Toral, don Enrique del Castillo, don Eloy González y don Porfirio Mayo.
<strong>Háblenos de las actuaciones en el templete de la plaza Mayor.</strong>
Allí tocábamos los jueves y los domingos y era uno de los momentos en que se llenaba la plaza y la gente disfrutaba escuchando y bailando. Cuando empezó la guerra estábamos tocando en el templete, en un baile con tanta gente que no se cabía y donde se permitía ceder (pedías a quien estuviera bailando ¿se cede? y continuabas el baile con la moza correspondiente), y me acuerdo que vinieron muchos camiones del Bierzo, repletos de mineros.
<strong>¿Qué consejos le daría a la gente joven de la Banda?</strong>
Que tengan un poco de vergüenza, que callen cuando estamos en los ensayos y que respeten a la directora. Hace años, cuando entraba el director y se ponía al asunto, no se movía nadie y se podía oír el vuelo de una mosca.
<strong>¿Cómo ve La Bañeza?</strong>
Muy parada, con respecto a lo que fue, y con pocas posibilidades de trabajo. Había un gran mercado de ganado y de todo tipo de mercancías, y mucho más movimiento económico que ahora.
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