MANUEL FERRERO LÓPEZ DEL MORAL
Prolífico escritor Leonés, Licenciado en Derecho y Cuentacuentos, ha Ganado el Premio de relatos Cortos Xaime de Andrés y el Concurso del Cuento Jurídico Francisco de Quevedo, además de ser finalista, en el año 2000, del premio Letras Jóvenes de la Junta de Castilla y León. Es editor de la hoja Poema Astilla y autor de los libros «El cordero conquistador», «Kikiño», «El reino de los mil escalones» y «Anastasia la valiente».
Es, además, profesor de Cuentacuentos, Expresión Corporal y Relajación, Coordinador de tiempo libre y profesor de la Escuela de Formación en la Animación Juvenil y el Tiempo Libre «Alquite» de León, desde 2004.
Como cuentacuentos, recoge el cuento tradicional, recupera el filandón y ha creado cinco espectáculos que representa en Teatros, Casas de Cultura, Colegios, Institutos y asociaciones de toda España, entre los que destacan: Filandón, con Francisco Pozuelo, Salas de Manualidades, con Alfonso Salas, Lima y Limón, con Emma Sánchez Varela, Tarna y Manu, con el Grupo Tarna, y diversos espectáculos en solitario, como La belleza encarcelada, Uno más uno: cuento, y La épica libertad del Alma.
<strong>Sinceramente, Anastasia la valiente es una obra que deben conocer tanto niños como mayores, pues no dejará a nadie indiferente. ¿Qué mensaje pretendes transmitir con este libro?</strong>
Un mensaje de esperanza. Es un cuento que enseña a superar los miedos. Un viaje al mundo de la fantasía y la imaginación sin límites.
<strong>José Luis Navarro ha hecho un gran trabajo en las ilustraciones.</strong>
Consigue una mezcla bellísima de texturas y colores. Las caras están llenas de expresividad y los paisajes son de encantamiento.
<strong>Es encomiable tu apuesta por las personas con síndrome de Down.</strong>
No lo considero una apuesta. Es darles espacio en la literatura. Ojalá la presencia en los libros suponga la presencia social.
<strong>¿Sigue existiendo un rechazo de la sociedad hacia ellas?</strong>
A veces se les considera niños perpetuos y no se es consciente, por parte de algunos, de que aportan mucho. Este libro está dedicado a la gente de Asprona León. Por los bellos momentos que he vivido y espero vivir con ellos.
<strong>¿A qué achacas la pérdida actual de valores humanos?</strong>
A la codicia de algunos y a la soberbia. Las guerras, aunque sean de dinero, y la competencia feroz, deshumanizan. Recuerdo a algunos que los títulos de propiedad no se abrazan. Un abrazo sincero es lo más valioso en este mundo.
<strong>Dada tu experiencia, ¿se le da la importancia que merece a la tradición?</strong>
La tradición oral es fuente de literatura, de historias curativas y de memoria de lo esencial. La han respetado los grandes: Lorca, Cervantes, Lope de Vega, Miguel Hernández, etc. Si no miramos a la abuela y al abuelo con respeto, difícilmente podremos avanzar. Más experiencia y menos apariencias.
<strong>¿Existe falta de comunicación personal, como la que se daba en los filandones?</strong>
Los filandones nacen del fuego y de ponerse todos al mismo nivel. Cercanía y voz para todos, esa es la clave. Los medios de comunicación no permiten más que visiones parciales. La escucha verdadera es la gran revolución. Ojalá los que hablen no muevan barro. La mentira es un veneno. Comuniquemos desde la sinceridad y demos la palabra a todos. Por supuesto, también a los discapacitados. Una sociedad de mentirosos y ególatras no hace buen tejido. Aprendamos de las hilanderas y usemos la palabra para el encuentro, la risa y la celebración. Si no, es mejor callarse.
<strong>Apelas, entonces, a la amistad cercana, al contacto directo. ¿Qué te parecen las redes tipo Facebook o Twiter?</strong>
Son interesantes para gestionar y buscar información, pero la amistad pide mucho más. No hay amistad verdadera sin vivencia y cercanía.
<strong>Es curioso que hay quien tiene cientos de «amigos» en Facebook y ninguno en su propio lugar de residencia.</strong>
La gente se aísla y la red da la falsa sensación de compañía, aunque seguro que habrá ciberamigos verdaderos
<strong>¿Con que te quedarías y que descartarías de lo que ofrece internet?</strong>
Me gusta que rompa barreras y fronteras y que le plante cara a los medios de desinformación masiva, controlados por el dinero y el poder. No me gusta que el anonimato sea una fuente de peligros y de impunidad para la barbarie.
<strong>Aparte de la rebeldía que conlleva la edad, ¿son solidarios los jóvenes?</strong>
Sí, creo que esta juventud es pacífica y tiene anhelos de transformación y solidaridad. Está harta del consumismo y cada vez más jóvenes buscan otros horizontes.
<strong>Muchas personas nos educamos, en parte, con los cuentos. ¿Se ha perdido esa magia y enseñanza que transmitían?</strong>
La magia sigue, pero los informantes son muy mayores. En las familias no hay tanta gente que cuente cosas ahora, como antes. Yo les pido a las abuelas y abuelos que nos cuenten su vida, la memoria importante de las cosas. Ese alimento es esencial para las nuevas generaciones. La gente de mi edad hemos puesto en la calles los filandones. Cierto que, antes que nosotros, abrieron camino Pereira, Fulgencio, Luis Mateo, Merino, Jose Luis Puerto, Julio Camarena, etc., pero ahora me llena de alegría ver que masivamente la gente se reúne y lo llama filandón. En eso, la gente de mi generación también ha sumado. La pena es que ya no es en la cocina, hilando junto al Llar, que era más intimo y bello. Yo aún he vivido esos filandones. Pero sigue el fuego. Seguirá mientras alguien quiera darle espacio a la palabra. Donde sea, eso sí, todos al mismo nivel. Tengo esperanza en la resurrección de la oralidad. Creo, pues, que debe contarse antes que nada en las familias.
<strong>¿Asiste mucho público a los espectáculos de cuentacuentos?</strong>
Sí, aunque depende del día, sí. Gracias a ello, yo puedo ganarme la vida palabra a palabra.
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