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29 jul 2011

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VESTIGIOS DEL EDÉ

“En el ameno huerto deseado…” San Juan de la Cruz

Entrego mis sentidos a la contemplación del huerto y del jardín -tan cercanos, mezclados, mínimos- acercando realidades enfrentadas, entre dudas: a un lado, los azules del pequeño abeto y de la hortensia junto a los verdes y amarillos del tejo, aromados por un poco de tomillo y por los geranios, y por la parra y sus racimos… al otro, acaso inquietos por las bolitas del madroño, los frunces amoratados de las lechugas junto a las flores blancas y amarillas de pimientos y tomates, mezclan sus olores con los de las matas de las fresas, y con los de las cebollas.
Unas veces ya en la noche, otras clareando el día, contemplo el huerto y el jardín entre las blancas tapias del patio, como si fueran las cercas del mundo, con la aguja del ciprés que enmarca al seto oscuro y al muro azul de la paloma. Más indefenso el uno, más orgulloso el otro, alivio o refugio de los pájaros, ambos parecen cargados de alma en sombra. ¿Qué espíritu encerrado enciende a ambos lugares?
Desordenado, el tiempo, este verano, ha retrasado los frutos y ha engendrado flores mustias. Y siempre las malas hierbas inundando el huerto, confundiendo hojas; siempre el jardín acosado por la grama que le sisa hilillos al agua, con un tamizado esmeralda que esconde encordadas raíces con uñas ladronas. Me arrodillo para arrancarles a ambos el mal. Luego veo que, entre las piedras, hasta a una mínima especie de hiedra de hojas menudas, densa, parda, violácea y sucia, le brotan con la luz florecillas preciosas, doradas.
Siendo así como son estos mínimos trozos de pensamiento y razón, tan opuestos a lo abrupto del bosque, o al campo que sin cultivo se entrega al desorden, o a las orillas que allá en el río gobierna la negrura, cómo pecar de soberbia y exponerse a que espadas de fuego me expulsen de ellos, cómo pensar en huir si este mínimo espacio es silencio, si en él siento la vida doblegarse o fluir y fluyo o declino yo mismo.
Bombeo agua. Pienso en las espinas del rosal: ¿serán lágrimas petrificadas de nostalgia? Entre la flor y el fruto, contemplo la rosa.

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