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06 Mar 2021

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Qué horror y qué maravilla

Marta del Riego Anta

El otro día fui al cine con Pequeño Zar y éramos cuatro personas en la enorme sala del Palacio de la Prensa de Madrid. Una pantalla gigante, los altavoces a todo volumen. Había hasta eco, de lo vacío que estaba todo. No hacía falta ni la mascarilla. Qué bien, ¿no? También he estado en el Museo Thyssen y en el Reina Sofía, y las salas desiertas. Pequeño Zar y yo vimos El Guernica en soledad. ¡Qué lujo! ¡Cómo presta! Y en mi calle, la del Rastro, los domingos baja ahora un chorrito ridículo de gente, en comparación con la muchedumbre de la era precovid. Y en el Corte Inglés, los pasillos llenos de aire. Todo perfecto; el mundo para mí sola. Museos, cines, centros comerciales, hasta el Rastro de Madrid. Pero.
Pero falta algo, ¿no? Alegría. Ruido. Agitación. Vida. En vez de eso, una cierta angustia flota por todas partes.
Sin embargo, cuando hay demasiada gente… tampoco nos gusta. Hace unos días nos llegó un tiempo suave y dulce, y los madrileños salieron en marabunta a la calle. De pronto los parques estaban llenos, las terrazas a rebosar, en los semáforos la gente hacía cola para cruzar la calle. Y pensé, qué horror; y pensé, qué maravilla.

……………..(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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