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13 sep 2020

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La aventura de la Torre
En_lo_alto_de_la_torre(Carmela-R)

Carmela Rodríguez

Aunque la Torre de la iglesia de Santa María lleva con nosotros desde 1763, año en que concluyeron las obras de su construcción, nunca ha tenido tanto protagonismo como en las últimas semanas, ya que no podía visitarse oficialmente, si bien los integrantes del cuerpo de monaguillos de la iglesia hacían sus escapaditas a espaldas del párroco, que no debía enterarse de ello.
Mi aventura comienza el día en que el concejal de cultura, José Luis del Riego, nos comunica a mi compañera Francis y a mí que vamos a ser las acompañantes de los grupos que quisieran visitar la Torre entre los días 10 y 17 de agosto, tiempo que después se prorrogó debido a la gran acogida que tuvo. Antes de comenzar con dicha actividad, hicimos nuestra primera subida, acompañadas por el párroco actual y promotor de este evento, D. Jerónimo Martínez, y el propio concejal que ha apoyado esta iniciativa.
D. Jerónimo nos explicó cómo esas 12 cruces que se pusieron por primera vez en el templo en el año 1945, cuando se realizó su consagración, representan a los 12 apóstoles y nos recuerdan que nuestra iglesia, “en su totalidad”, está consagrada a Dios. Su aspecto ha ido cambiando, ya que, 25 años después, en su renovación, se colocaron encima de aquellas primeras otras de aspecto romano, que son las que recordamos, ya que las hemos visto durante los últimos 50 años. De igual modo, dado que el 14 de agosto de 2020 se cumplieron 75 años de aquella primera consagración, se colocaron, encima de las segundas, 12 nuevas cruces que, como se puede observar, tienen un aspecto más templario y una característica común con las primeras, la vela que acompaña cada una de ellas, de encendido digital acorde con el momento actual.
Estos 75 años han sido el detonante, junto con el hecho de que en el año 2000 se habilitase el primer tramo de acceso a la Torre, que llega a la altura del órgano barroco, el cual se encuentra en perfecto uso y engrandece con su sonido las celebraciones que se llevan a cabo. Desde esta altura se contempla el retablo central del templo así como las tallas de Santa Teresa y San Pablo, que probablemente salieron de la escuela de Gregorio Fernández, y también se tiene una visión de las mencionadas cruces en su conjunto.
A la altura del balcón de la Torre, hay una estancia que recoge elementos del templo de otras épocas, a modo de breve documento histórico del mismo, y un poco más arriba una pequeña puerta que despertó la curiosidad de los visitantes… Lo que hay detrás de ella será motivo de una segunda visita obligada para quienes disfrutaron de la primera; parafraseando a la bañezana Marta del Riego Anta “hasta aquí puedo contar”…

Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa.

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