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03 Sep 2020

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Vigesimosegunda ascensión a la cumbre del Teleno

José A. Martínez Reñones

Cumpliendo con bastante aproximación los horarios previstos, la expedición telenita del 2020 partió, el sábado 29 de agosto a las 8,15 h., del campamento base, la Churrería Ulises de La Bañeza, una vez dopados convenientemente con el chocolate de rigor y ese churro infinito que no lo mejora ni las trenzas de Penélope (la de Ulises).
En la estación de servicio de Truchas/Trueitas se incorporó el segundo contingente de la expedición y de allí partieron todos a la confluencia del Eria con el arroyo de las Rubias, donde da origen la Vía Matilda.
En esta ocasión, y después de lamentar por diversos motivos ausencias aún más numerosas que el conjunto de los que allí se congregaron, dieciocho valientes llegados de León, el Páramo, el Órbigo, La Bañeza, La Isla, Castrocontrigo y Asturias iniciaron el ascenso con el infatigable Pablo C. a la cabeza.
Tal y como lo preveían, el protagonista del día fue el frío. Ese frío intenso, que iba incrementándose a medida que cobraban altura, contribuyó a que realizasen un ascenso inusualmente rápido, entre ráfagas de viento gélido y racheado.
Llegados todos a la cumbre, a excepción de L.P., que hubo de deshacer el camino a pocos metros de ella por un problema en la pierna arrastrado de días anteriores, repusieron fuerzas a cualquier brigada que las inmensas moles de cuarzo allí se hallan. El viento no soplaba, hería, y la húmeda niebla convertía la cumbre sacra en un promontorio misterioso. La temperatura era de 2 grados, pero la sensación térmica era más propia de -10.
Aún así, el rito se celebró sobria y solemnemente, tal como se ha hecho siempre. Esta vez no fue en el recinto de la primera “casa de los iniciados”, sino en el “nicho del Teleno”, que ofrecía más protección frente a los elementos. Mientras Pablo, Rocío y Sara prendían el fuego de ofrenda con dos libros nacidos recientemente (Cuentos, historias y leyendas de Astorga y Maragatería, de Max Alonso, y Urraca I de León, primera reina y emperatriz de Europa, de José Mª Manuel García-Osuna), Fernando Pérez leyó el tradicional Cántico ancestrático y telenal, y también añadió dos hermosos poemas de su cosecha cardiaca. A continuación, Marina Justel cerró con un muy apropiado poema sobre las murias.
Envueltos en una densa niebla y con la amenaza tamizada de lluvia y nieve sobre sus cabezas, iniciaron el descenso henchidos de satisfacción. Comprobando que este año, como antes nunca, los amantes de la montaña se han multiplicado. Fueron varios los grupos, principalmente de gente joven, con los que se saludaron.
Tras reponer fuerzas en la terraza del Heni’s de Castrocontrigo y adquirir alguna tableta de ese chocolate insuperable de Santocildes, algunos de los que ascendieron, más otros pocos telenitas de querencia y de años anteriores, merendaron a placer en Casa Lucinio de Santiago Millas, donde sale siempre muy barato no sólo lo mucho bueno que ofrecen sino el trato que dan.
Ni que decir tiene que la rara situación del año también ha tenido su repercusión en esta vigésimo segunda ascensión, tanto entre quienes, queriendo, no pudieron acometerla, como entre tantos otros que prefirieron por motivos de salud no acudir a la cena. Pormenores que los montañeros exorcizaron en esta ascensión para que en la vigésimo tercera no existan.
Probablemente en los próximos meses bajarán las temperaturas considerablemente, pero los telenitas de este 2020 podrán decir aquello de:  — ¿Dices frío? Para frío, frío, ¡¡el que pasé en agosto!!

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