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17 jul 2020

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Pedro A. González gana el Premio Conrado Blanco León
Jurado_del_premio_Conrado-Blanco_en_2020

El XXXII Premio Nacional de Poesía Conrado Blanco León, dotado con 2.000 euros, ya tiene ganador. Se trata de Pedro A. González Moreno, que presentó el poema “Para entrar en la noche”, bajo el lema de Palinuro. Nació en 1960 en Calzada de Calatrava (Ciudad Real), reside en Madrid y es licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua y Literatura. Dirigió, entre 1987 y 1999, el Aula Literaria Gerardo Diego de Pozuelo de Alarcón. Ha publicado seis libros de poesía, entre los que destacan Calendario de sombras (premio “Tiflos”), Visor, 2005; Anaqueles sin dueño (Premio “Alfonso el Magnánimo”), Hiperión, 2010; y El ruido de la savia (Premio “José Hierro”), 2013. Como ensayista, es autor de los libros Aproximación a la poesía manchega (BAM, Diputación de C. Real, 1988), y La Musa a la deriva (2016), premio de ensayo “Fray Luis de León”, de Valladolid. Su obra narrativa incluye Los puentes rotos (IX Premio “Río Manzanares de novela”), Calambur, 2007; el libro de viajes Más allá de la llanura, B.A.M., 2009 y 2013; la novela juvenil La estatua de lava (Nostrum, 2014); y La mujer de la escalera (Siruela, 2018), Premio “Café Gijón” de novela.
De un total de 195 obras presentadas a concurso, el jurado –compuesto por Antonio Colinas, Felipe P. Pollán, Adolfo Alonso, Andrés M. Oria, Emilia Rodríguez y Luisa Arias– eligió la premiada el sábado 11 de julio. Después de las deliberaciones pertinentes y las sucesivas votaciones de las diez poesías seleccionadas, fallaron a favor el poema citado, porque, en su opinión, “es una poema de madurez muy recortado y preciso para afrontar temas graves como la enfermedad y la muerte de la madre. Expresa un sentimiento contenido en el tono, pero profundo en el discurso. En él, el poeta desangra las palabras para entrar en la noche, para sentir el vínculo emotivo de la noche sin miedo. Hitos que simplifican el anhelo de una noche-silencio que no será jamás tiempo ni olvido. Una reflexión de hondura sobre la despedida a una mujer, que posiblemente ha perdido la memoria, ‘recuérdame, recuérdate a ti misma…’ que es la madre. Poema profundo desde el silencio, nostálgico y lleno de deseo natural al final buscando la luz. Unos versos en los que se vislumbra la admiración del hijo hacía la mujer ejemplar y fuerte que fue, manifestando con hermosos recursos poéticos el deseo de seguir sintiendo su presencia y recuerdo en la casa”.

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