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27 jun 2020

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D. Ángel vivo en nuestros corazones
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Emilia Estévez Estévez (Misionera Apostólica de la Caridad)

El próximo día 5 de julio se celebrará el primer aniversario de la Declaración de Venerable de D. Ángel Riesco Carbajo, Obispo y  Fundador del Instituto Secular Misioneras Apostólicas de la Caridad.
Con motivo de la Declaración de Venerable, la Postuladora de la Causa de Beatificación y Canonización, la Dra. Dª Mª Victoria Hernández Rodríguez, escribió una biografía titulada Estampa de un Pastor, que completa a la publicada en 1994, DON ÁNGEL. Sencilla historia de un Obispo sencillo, en la que recoge los últimos acontecimientos relacionados con el Proceso de la Causa de D. Ángel hasta la autorización del Santo Padre Francisco a promulgar el Decreto de virtudes heroicas con el que viene declarado Venerable.
En dicha biografía resalta fundamentalmente el ministerio sacerdotal de D. Ángel como pastor. Leyendo, más bien, meditando tantos rasgos de D. Ángel en su ministerio sacerdotal, acuden, con dolor, a nuestra mente aquellas palabras de Jesús, Buen Pastor:
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies, que mande trabajadores a su mies”  (Mt.9,36-38).
¡Cuántas veces meditaría D. Ángel estas palabras de Jesucristo! ¡Cómo sentiría esta preocupación del Señor por las almas! De ahí que su ideal no sólo fue responder a su llamada, sino que él mismo, a lo largo de su ministerio sacerdotal, rogó, buscó, animó y formó “obreros” para trabajar en su mies.
Hoy, sin temor a equivocarnos, podemos decir que D. Ángel trató de imitar en su vida sacerdotal al Buen Pastor, y no sólo no escatimó esfuerzo alguno por seguir la consigna del Maestro, de ir siempre a más –“sed perfectos…”–, sino que el amor de Jesucristo lo impulsaba hasta el heroísmo en su entrega caritativa. Consecuente siempre y en todo, el lema de su vida, su razón de ser y obrar, lo dejó muy bien plasmado en su escudo episcopal: “Charitas Christi urget nos”: El amor de Cristo nos empuja.

Artículo completo en nuestra edición impresa.

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