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14 ago 2012

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¡VOLVERÁS A SER FIESTA!
Voz_al_Viento

Luis P. Carnicero.

Recordar el olor de aquel humo postrero, a pólvora quemada en el aire, de la rápida y pérfida traca, aún sigue encogiéndote el pecho. Con el último estallido, el que ponía fin a la fiesta, parecía que fuera a acabarse la vida. Parecía que el asombro, débil y sumiso, reflejado en el misterio de la luna lejana y en el alejarse de los fuegos de artificio -sueño todo- se dejara noquear por sustos de burda realidad.
Intentas ahora atisbar qué duende habitaba en tu mirada despierta y nerviosa y vas poco a poco hacía atrás, como soltando lastre de tiempo. Piensas primero en tus manos; en que cobijas otras manos y en que aprietas el amor… Piensas luego en tus manos con amor apretadas hasta que tu pensamiento se vacía y se envuelve en calores, en llamadas silenciosas: llamaradas que la inocencia deja siempre en la memoria.
He ahí la otra cara, toda juego, de las celebraciones populares del estío. Qué placer ahora en descifrar que juego y pensamiento se fundían, en sentir el juego vistiendo de emoción a aquellos días. Juego cultural el del lugar que se renueva y se pregona. Juego y miedo de gigantes y de brujas con escobas. Juego y velocidad de atronadoras motocicletas. Juego y vértigo del funambulista en sus alturas. Juego y risas de narices de payaso. Juego y justicia en aquellos estacazos del héroe de guiñol que acababa con los malos. Juego sorprendente el de descubrir el abrazo distinto en los pasos de baile, y encantado y musical el de la noche esperada, y sagrado el de la liturgia en el templo… Juego y tristeza en el fin porque los dioses del viento, al desinflar  sus mofletes, esparcían sus malévolas brisas y aquí junto a ríos -a traición- más pronto agosto mostraba el eclipse de la magia del verano.
He ahí la otra cara del descanso en los quehaceres; de la complacencia del reencuentro, del rezo agradecido por la cosecha que siempre se esperó, de rituales que descubren los orígenes, de ritmos que cambian el respiro de las calles, de la tierra ensimismada en la luz. Son las guirnaldas de la fiesta tejidas con hilos infantiles. Es el estruendo de la niñez  que alfombra el gozo.
Y es que se desean tanto la fiesta y la infancia… Por eso, aun presintiendo el último estallido -rápida, rápidamente- volverás a abrir la caja de la música, volverás a abrir sombrillas de requiebros y rubores y osados abanicos. Volverás a ser fiesta. ¡Volverás a ser niño!

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