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30 sep 2018

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XXXII Ruta de Senderismo al Bosque de Hormas
Senderistas_en_Riaño

C.D.A.B.

Vuelta a la actividad del grupo de Senderismo y con qué ganas emprendieron la salida los 52 senderistas el domingo 23 de septiembre para realizar una ruta con algunas variaciones respecto a otras.
En primer lugar, el sitio de salida. Por eso de cambiar un poco las rutinas, la salida del autobús se hizo desde el Bar Ulises, en el Parque Infantil, lo que, como es lógico, a algunos les vino mejor y a otros peor, por la distancia desde casa, pero, como lo que se trata es de andar, tampoco hubo muchas quejas.
La segunda novedad es que por primera vez nuestra guía particular, María Jesús, no había realizado anteriormente la ruta, algo comprensible cuando la misma era guiada por un experto de la zona, ya que el lugar visitado es un espacio protegido, por lo que hay que pedir permisos e ir acompañado. Por ello tampoco hacía falta saberse el recorrido, para eso estaba el guía “Marcos”, por cierto súper amable, simpático y explicando en todo momento cientos y un detalles de un paisaje espectacular y con un tiempo digno del mejor verano, a pesar de que al principio una pequeña niebla hizo dudar de llevar o no chaqueta. No hizo falta, el sol calentó de lo lindo y al final sobraba todo.
El recorrido, como siempre, entre bromas, risas, jolgorio y por supuesto, vistas espectaculares de los impresionantes paisajes de la zona de Riaño y su embalse.
Y es que el Bosque de Hormas es un lugar especial de la montaña de Riaño, muy amplio, en el que los valles y los arroyos van a parar al río Hormas, que desemboca en el pantano.
En estos valles de montañas muy elevadas (hasta de 2.000 metros), hay árboles centenarios, osos, urogallos, así como animales salvajes que hacen de esta reserva un lugar muy interesante para los biólogos.
No vieron ningún oso nuestros senderistas, y es que es de imaginar que observando la animación del grupo fueran estos los que se alejaran asustados por el ruido.
Tras ver el valle, los caminantes iniciaron el descenso por el borde de la montaña hasta llegar a las praderas, siempre con el río Hormas al lado y donde comió (con el agua en los pies) el grupo entre el alborozo de unos y la frescura del lugar, lo que hizo que el final del camino algún valiente se arrancara en cánticos y así el último trozo resultó aún más simpático. Y eso que el lugar era para ir tranquilo, que si no…
Con todo hecho, regreso a La Bañeza y resumen de anécdotas, ya sentados algunos de ellos con un chocolate con churros y las risas de los que escuchaban las bromas acaecidas en una ruta realmente preciosa.
Sí, sí, ya estamos preparando la próxima, hay algunas personas muy impacientes.

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