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08 ago 2018

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Monte Urba recorrió los caminos de San Salvador y Primitivo hasta Santiago
Peregrinos_de_Monte-Urba_en_Payares

Monte Urba

¡Como pasa el tiempo! Parece que fue ayer y han transcurrido 31 años desde que una embajada bañezana, compuesta por 55 personas ‒niños, alguno de meses, jóvenes, mayores, hombres y mujeres‒ se lanzaron en el año 1988 a la conquista de Santiago cuando el Camino no estaba señalizado, sin albergues, sin restaurantes para un número tan numeroso, con escasísima preparación física, haciendo nosotros los desayunos, comidas y cenas; ¿cómo llegaríamos vivos?; la subida al alto del Cebreiro fue escalofriante: gente deshidratada, sin fuerzas, sin conocimiento por excesivo calor y el esfuerzo, y eso que como preámbulo ya se había coronado la Cruz de Ferro.
Después de la primera experiencia –muy hermosa a pesar de todo– pensábamos poner punto final con la quijotada llevada a cabo; pero hemos sido unos informales, porque no hemos cumplido con la palabra: “la primera y la última marcha”, nos decíamos en el Camino, y sin embargo…
Escasamente, cuando en conversaciones con gentes hablamos de las marchas a Santiago ininterrumpidas, recorriendo media España y Portugal, te lo ponen en tela de juicio o creen que, como llevamos coche de apoyo, la mayor parte de la andadura vamos en él.
Como anécdota de aquella epopeya, en este mes de julio saludamos a aquel niño de meses de nombre Pedro Herráez, ya casado, con dos hijos; formalote y con un buen puesto en la sociedad.
¿Y de este año, qué? Pocas novedades podemos añadir; mas si tuviera que hacer un resumen lo condensaría así:
Si el pasado año, discurriendo por Cóbreces (Liébana), Picos de Europa (Portilla de la Reina) y Puente Villarente, creíamos que con tantas dificultades no volveríamos a tener otro por el estilo, a lo mejor nos confundimos; el Camino de este año, llamado de San Salvador desde León a Oviedo, por el Puerto de Pajares, hay que andarlo y después hablamos, y la segunda parte, Oviedo-Pola de Allande, por el llamado Primitivo, hay que saludarla. A las dificultades de la orografía se unió el barro del camino por el agua que diluvió durante dos días.
El paisaje es extraordinario, llamativo, verde que te quiero verde, ofreciéndonos el monte agua por todas partes que desembocaba en infinidad de riachuelos.
Los excelentes albergues, algunos de cuatro estrellas; la acogida de las gentes, como si fuéramos familiares; las comidas no pudieron ser ni más abundantes ni más sabrosas.
La relación dentro del grupo, óptima: sufrimos y nos mojamos, pero nos divertimos, disfrutamos del buen yantar, dejamos a las gentes un excelente recuerdo y, aunque se dio algún percance en caídas, no fue llamativo.
Nuestro buen humor se puso de manifiesto con nuestro “Ollo o Can” recorriendo las calles de Santiago acompañado de tres obispos: D. Juan Antonio, D. Manuel Monje de Santander y el Emérito de Segovia D. Ángel Rubio Castro, más el Párroco de la Encina de Ponferrada, Antolín de Cela, Canónigo Honorario de Santiago. Las familias de Casa Cotón y Casa Manolo nos trataron como a hijos.
Hasta el año que viene.

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