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12 ago 2018

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Peleas de barrio
Barrio_elevado_en_lo_alto_de_un_montículo.

Marta del Riego Anta

Insultamos a uno de los chicos. No recuerdo qué dijimos, supongo que algo rastrero, ponzoñoso –como todo buen insulto‒ y ahí empezó todo. Sucedió una tarde de verano cuando yo tenía diez u once años y lo tengo grabado en la memoria. Como todos los niños de mi generación, crecí en la calle y crecí en el campo ‒porque en La Bañeza se acababan enseguida las calles y empezaba el campo, no había transición de lo urbano a lo rural‒. Los niños éramos los reyes y campábamos con nuestras bicis por todas partes.
Aquella tarde, de un lado estábamos mis primos, hermanos y algún amigo; de otro, una pandilla del barrio San Julián. Nos encontramos en la Calle Nueva –ahora de David González‒ en nuestras bicicletas, la calle recién abierta y recién asfaltada que unía el centro de La Bañeza con el barrio, territorio neutral para unos y otros. El chaval se enfadó, salimos huyendo en bicicleta, mientras él nos perseguía con una rabia que se olía a kilómetros. Por alguna razón que sigo sin entender, yo, la mayor de mis hermanos y la que odiaba las peleas, consideré que debía hacerle frente. Dejé la bici a un lado y lo reté. Él vino hacia mí como un miura. Me agarró por el cuello y me empujó contra el muro de bloques ásperos. Nos miramos. Su cara estaba roja de indignación. Echó el codo hacia atrás y yo me dije, ya está, me parte la nariz de un puñetazo.

……………..Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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