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30 jul 2018

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Adiós a la familia del Amor Misericordioso
Colegio_de_La-Nora

Juan Carlos Ramos

Año 45. Final de viaje. La Pedagogía del Amor Misericordioso, obra de la Beata Madre Esperanza de Jesús Alhama, ha impregnado de autenticidad y de belleza nuestras comarcas durante cinco décadas. Jóvenes de toda España han recibido una formación única que ha marcado sus vidas irremediablemente. Multitud de ex-alumnos han llamado en estos días porque un pedazo de sus vidas se pierde, y no conciben, de ningún modo, esta despedida. Un revuelo de sentimientos y de pensamientos se agolpan sin cesar, pues el colegio, nuestro colegio, y lo que representa, es un norte, un modelo incomparable, un referente crucial en nuestras vidas. Se cierra una etapa de una de las historias más hermosas que he conocido.
Ningún imperio logró la eternidad, y las circunstancias que suceden en este mundo tan convulso obligan a caminar por senderos indescifrables… El tiempo es el mayor enemigo. Los Hijos y las Hermanas del Amor Misericordioso merecen el reconocimiento de todos nosotros, pues su labor callada ha sido grandiosa. “Nos ha quedado tanto por hacer…”, ‒es la respuesta de estos gigantes de la educación y de la formación humana y cristiana. GIGANTES con letras mayúsculas. Extendidos por todo el mundo, desde Filipinas a Méjico, pasando por India, Argentina o Brasil, entre otros muchos lugares, es Collevalenza, en Italia, el lugar que permite comprender la magnitud del Amor Misericordioso.
He sido testigo durante décadas de cómo los Frailes y las Hermanas de esta insigne Congregación han ayudado a todo el que se ha acercado al centro de La Nora. Muchos niños, de familias incapaces de afrontar económicamente su día a día, han recibido la misma atención y cuidados, sin importar absolutamente nada. Se me pone un nudo en la garganta cuando veo que he hecho el viaje unido a una causa romántica y apasionada, sobre todo cuando observo que centenares de niños han logrado salir adelante personal, familiar, social y académicamente, en muchos casos, cuando ya nadie daba un duro por ellos. Buena parte de estos jóvenes han llamado o han vuelto para ofrecer sus logros académicos (Ingenierías, Grados y Licenciaturas), algunos con sus esposas e hijos, agradecidos porque saben que, si no hubieran recibido la atención precisa en los momentos de mayor vulnerabilidad, jamás habrían logrado sus metas.
He mantenido siempre la teoría de los tres tercios. Tradicionalmente, un tercio del alumnado que hemos tenido ha procedido de la zona de influencia (La Bañeza/Benavente), otro tercio ha buscado una educación diferente basada en valores humanos y cristianos, y el último tercio se ha centrado en la acogida de “alumnos” que han sido considerados “casos perdidos” por una sociedad que juzga y categoriza, en ocasiones, con demasiada frivolidad.
Ahora que está en pleno debate la controversia “escuela pública/escuela privada”, estoy en condiciones de afirmar que el día que se cierre el último colegio de este tipo, —y se pueden contar con los dedos de una mano—, la Junta de Castilla y León tendrá que crearlos. Lo digo porque muchachos que habían perdido, efectivamente, la brújula, que habían ido de tumbo en tumbo dando palos de ciego por diferentes centros que se han visto incapaces de dar respuesta a sus necesidades, alumnos ‒en definitiva‒ que casi nadie ha deseado ver sentados en sus aulas, fueron atendidos en sus facetas personal y familiar, en sus necesidades educativas específicas, en todas las dimensiones humanas, sensoriales, emocionales, cognitivas y espirituales, mediante un trabajo técnico concienzudo, planificado y multidisciplinar desarrollado por un equipo de profesionales increíble, extraordinariamente formado y enamorado de su profesión.
En estos años, todos hemos hablado el mismo lenguaje: “luchar a brazo partido” por mejorar la vida de nuestros jóvenes, y en silencio, sin magnificencias, de manera callada. No conozco a ningún compañero de viaje que no se haya emocionado o que no haya llorado amargamente en su despedida. El colegio ha protegido a su personal docente hasta el final de una forma inolvidable.
En contra de lo que pueda imaginarse, hemos logrado vivir momentos únicos, situaciones extraordinarias, y hemos hecho juntos cosas irrepetibles. Ha sido un trayecto trepidante y absolutamente conmovedor. Lanzo un recuerdo especial para los que se han ido y ya no están con nosotros. La Comunidad, no obstante, continuará su labor con otros cometidos.
Desde las enseñanzas del Padre Mario Tosi, “un renacentista en pleno siglo XX”, y de tantos otros Hijos del Amor Misericordioso, y desde el amor incondicional de la Hermana Anuncia, “nuestra segunda madre”, y de todas la Hermanas que han dado su vida anunciando ‒con su labor entregada‒ el Amor Misericordioso de Jesús, todos los que hemos tenido la fortuna de vivir esta realidad hemos aprendido que la educación es indiscutiblemente un derecho, que la formación integral es obligación, que las oportunidades hay que salir a buscarlas, que el amor se construye y que lo importante de la vida es entregarte a aquello que haces, y fluir con ello.
Todos los que han pasado por este centro coinciden en señalar que “Él” cambió sus vidas, que sienten que el colegio es su casa, que en él se hicieron mejores personas, que lo que recibieron tiene un valor incalculable.
Decir adiós nunca ha sido cosa sencilla. Duele. Colegio del Amor Misericordioso, te decimos “Adiós”, pero formas parte de nuestra historia, de nuestras vidas, y seguirás en nuestros corazones por siempre. En nombre de todos aquellos a los que nos has dado todo, “TODO POR AMOR”, GRACIAS.

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