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14 abr 2018

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Monte Urba por tierras salmantinas
Caminantes_de_Monte-Urba_que_hicieron_el_Vía-Lucis

Monte Urba

Hace 22 años –1996‒  que el sacerdote Blas de Fuenterroble, localidad cercana a Guijuelo, y año tras año, unido a su idea, Monte Urba se ha presentado a celebrar, por las dehesas salmantinas, una marcha-peregrinación, no haciendo el Vía Crucis tal como lo hemos conocido, sino el Vía Lucis, hecho religioso basado en estaciones sobre la Resurrección de Jesús; esta marcha tiene una serie de particularidades que la diferencian de otras muchas.
Se celebra el sábado de Pascua. Comienza reuniéndonos en un pueblecito de nombre Beleña, ubicado más o menos entre Salamanca y Guijuelo. Los organizadores nos reciben con un chocolate acompañado de abundantes pastas. Le sigue la Eucaristía musicalizada por la dulzaina del país y cantada por los peregrinos de muchos lugares del entorno y de lejos, incluidos extranjeros; la comitiva se pone en marcha dando un gran rodeo hasta Guijuelo por una serie de dehesas. La abren un numeroso grupo de caballistas que, si el tiempo es acogedor, pasan de cincuenta –este año, por el tiempo, fueron menos–, y a continuación se ponen en marcha una serie de imágenes, en esta ocasión siete, asentadas en tractores o carros tirados por animales y los peregrinos junto a ellos –estas excelentes tallas de madera, cercanas a los dos metros, se las fue haciendo un amigo de Blas, ya fallecido–.
La primera parada se llevó a cabo a la una y media y se comió en el campo; el menú se basó en una garbanzada y chacinería a la brasa, vino, pan, etc., todo gratuito para las más de 200 personas que seríamos, a pesar de la amenaza del agua.
La segunda se hace en una dehesa en la que nos invitan los dueños a café, refrescos y dulces (perronillas), todo en abundancia. En esta estación, Blas, recordando a la Virgen, tuvo un detalle de agradecimiento entregando a las hijas y madres de la dehesa una rosa roja; también repitió lo mismo con la bañezana Conchita Vaquero, por haber sido una de las que iniciaron con su marido e hijos, cuatro jóvenes universitarias y algún otro, esta peregrinación; y la última para la salmantina Rosa, esposa de Ramonín el de las bicicletas, porque sus padres, mientras dispusieron de salud, año tras año nos invitaban en una cuarta estación.
La llegada a Fuenterroble fue pasadas las nueve de la noche; nos recibió la Banda Municipal de Salamanca, se descargaron las imágenes, se cantó, se rezó, la Asociación del Vía Lucis regaló los evangelios al representante de cada pueblo, que pasaban de 50, y cenamos un caldo riquísimo. Monte Urba obsequió a todos los peregrinantes con las empanadas de Casa Montiel que todos esperan con ilusión. La cena la llevaban con calma e impidió que no saliéramos antes de las doce de la noche, para presentarnos en casa ya bien pasadas las dos, satisfechos y gozosos para repetir el año 2019.

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