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04 mar 2018

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Los senderistas visitaron Truchas y Valdavido
Caminantes_que_participaron_en_la_ruta_a_Valdavido

Una mañana fría del domingo 25 de febrero arrancó al autobús de 60 plazas a la cercana localidad de Truchas donde 56 excursionistas o senderistas se encontraron con una soleada ruta, la número 26, que hacía dejar camisetas, chándal, abrigos y demás ropa, porque la marcha les quitó el frio a los pocos metros de comenzar.
Antes, el reparador café y la foto de rigor en el bar del pueblo, donde arrancaban la ruta para subir al Cristo de Valdavido, Cristo que, por cierto, tiene una curiosa y bonita historia, de la cual tiene culpa alguien que estuvo muy ligado a La Bañeza, José Luis Santos, antiguo sacerdote y director del instituto de Formación Profesional (Vía de La Plata) y que anteriormente a su estancia en La Bañeza ejerció su sacerdocio por esa localidad de la Cabrera.
Cuenta la historia que, estando de sacerdote en Truchas, se encontró la escultura en una casa del pueblo, escultura que había llegado en un camión de Legumbres Luengo desde Bilbao, donde la había construido en el año 1957 el escultor Larrea. En el 65, y a base de un empeño y trabajo impresionantes (la figura mide más de 8 metros y pesa más de 20 toneladas), afrontó la tarea de subir el Cristo a la Peña (Peña Ramiro), así como los materiales necesarios para ubicarla en lo que había sido antiguo castillo. Con una polea gigantesca cedida por la Azucarera de La Bañeza, a principios de septiembre de ese mismo año la estatua quedó erigida en el lugar actual.
Pero, volviendo a la ruta, allí subieron los senderistas y admiraron el impresionante valle de La Cabrera, con toda la cadena montañosa y su poquita nieve en ella, que forma un paisaje maravilloso para la vista, lo cual agradecieron. Tras las oportunas y preciosas fotos desde lo alto del Cristo, la bajada hacia Truchas, el río y sus pozas o marmitas de gigante, con su agua cristalina y posiblemente fría, donde de nuevo las cámaras y teléfonos aprovecharon para sacar fotos del cauce y su precioso margen.
La comida no podía esperar más, eran las dos y en el área de ocio de Truchas, pegando al río, con tres caballos como compañía de los hambrientos viajeros y un tiempo espectacular, tumbados en la hierba, sentados en los bancos o apoyados en las vallas dieron buena cuenta de los bocadillos, fruta, etc. que  llevaban; había hambre, el sitio era perfecto y la temperatura para quedarse allí toda la tarde. Incluso hubo quien se atrevió a meter los pies en las gélidas  aguas y cruzar el río a pie, y eso que el agua debía de estar algo ”templada”.
Y después de la comida todavía alguno se atrevió a hacer los tres kilómetros desde Truchas a La Cuesta, pueblecito cercano, mientras que otros se fueron hacia el bar donde esperaba el autobús para tomarse un cafetito tranquilamente mientras llegaban las cuatro de la tarde, hora prevista para reunirse y, con puntualidad suiza, emprender el regreso.
Pero aún quedaba una “pequeña sorpresa”, la llegada a Castrocontrigo supuso una parada “técnica” en el Bar Santocildes, donde el Club invitó a los senderistas a un chocolate con picatostes que hizo las delicias de todos los estómagos y es que realmente estaba exquisito (“gracias Juan, dueño del bar”).
Por supuesto, no faltó la compra de chocolate de todos los gustos por parte de los caminantes que aprovecharon para llevarse sus correspondientes delicias para casa.
Tras esa parada, la llegada a las 18:30 h. a La Bañeza supuso el comienzo de la próxima ruta, ya que en breve se realizará la de marzo debido a la proximidad de la Semana Santa y a las ganas de caminar del grupo.

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