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14 feb 2018

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Wilmer Fernández explicó su experiencia como misionero
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El misionero seglar peruano Wilmer Fernández explicó su experiencia en la charla que, organizada por Manos Unidas, tuvo lugar el viernes 9 de febrero en el salón de actos de la Biblioteca Municipal de La Bañeza.
Tras ser presentado por la delegada diocesana de Manos Unidas, Toñi García, el misionero, padre de dos niños, se centró en su trabajo en el Alto Marañón con los pueblos indígenas Awajún y Wampis, “muy sensibilizados con la Amazonía”, un espacio a proteger del que también el Papa se ha hecho portavoz pidiendo “un pensamiento ecológico y una ecología humanizada”.
A continuación explicó que en su comunidad hay laicos, que trabajan en actividades económicas y sociales, y religiosos, concretamente jesuitas, que se encargan de la catequesis, la pastoral y la formación de las personas que la integran, en un entorno, la Amazonía, donde hay 385 pueblos indígenas, de ellos 145 sin contacto con el exterior, con pluralidad de formas de vida, culturas y lenguas. También señaló que tienen que pelear con las empresas y el estado para que respeten su tipo de vida, amenazado con la llegada de la deforestación que a su vez trae el alcoholismo, la prostitución, las drogas…
“Tenemos que hacer un aprendizaje de estos pueblos para promover su desarrollo, sus prácticas culturales y sus técnicas”, afirmó, antes de reconocer que tienen un potencial muy fuerte para sembrar pero lo está destruyendo la minería ilegal y a gran escala, con utilización de mercurio y derrames de petróleo, “porque no hay leyes al respecto”.
Tanto los Awajún como los Wampis tienen familias extensas organizadas en clanes, son culturas patriarcales con actitudes machistas y, con el apoyo de Manos Unidas, el equipo en el que está integrado intenta contribuir a su “buen vivir” y lucha contra la desnutrición crónica, enseñando a trabajar los huertos, las piscigranjas, la cría de aves, la apicultura y la artesanía, además de asistirles técnicamente para gestionar la producción y comercializarla, garantizar el acceso a alimentos y formar las denominadas “chacras integrales” en las que conviven varias familias y se busca potenciar las capacidades de la comunidad y también el crecimiento integral de las personas, con especial hincapié en que participen las mujeres, “porque son las auténticas agricultas y están más articuladas al bosque y la tierra”.
Una labor digna de admirar y que los asistentes agradecieron.

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