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03 feb 2018

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Mis agendas rojas

Marta del Riego Anta

Cuando me fui de Vanity Fair me deshice de mis agendas. No de mis cuadernos, claro, los cuadernos que llevo a las entrevistas en los que apunto –con letra que luego me cuesta descifrar‒ detalles más allá de las preguntas: si el tipo mueve una ceja, si grita, si se revuelve en su asiento, si cuando aparece su mujer se sobresalta o se le suaviza la mirada. Detalles que parecen nimios, pero que te dan pistas definitorias de cómo es esa persona cuando no está delante de un micrófono. Intentas sacar el máximo de información en el mínimo de tiempo, en el par de horas que pases con el entrevistado. Y eso es difícil. Estás en tensión, con los sentidos alerta y el instinto presto a saltar sobre su presa.
Esos cuadernos de gusanillo metálico, cuajados de anotaciones en los márgenes, los tengo en casa ordenados en fila entre los libros de mi biblioteca. Las agendas no. Las agendas donde apuntaba las reuniones, las citas, lo que tenía que hacer cada día, unas preciosas agendas rojas con las letras de Vanity Fair en dorado, quedaron en la papelera de la redacción. Había datos confidenciales sobre investigaciones en marcha desvelados por fuentes de la justicia, nombres conocidos con muchas interrogantes sobre sus dineros,…

…………….(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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