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27 ene 2018

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La XXV ruta senderista visitó las Lagunas de Villafáfila
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Y, para empezar el año y celebrar la Ruta XXV, sus Bodas de Plata, los senderistas eligieron una ruta fácil y más “animada” de lo habitual, un camino donde la fauna y la naturaleza estuvieran más presentes que de costumbre: las Lagunas de Villafáfila en la provincia de  Zamora.
A las 9:30 horas del domingo 21 estaban los 54 senderistas cargados con sus mochilas y camisetas, dispuestos a iniciar el año de la mejor manera posible y, como siempre, a las habituales bromas y sonrisas se unieron las felicitaciones para los que no se habían visto aún y los comentarios de que esta iba a ser una ruta muy bonita y del gusto de todos.
Pero siempre hay algo que deja la duda de que pueda resultar perfecto y en esta ocasión una molesta niebla los recibió en el principio de la mañana, apenas aterrizados en el lugar elegido, para estropear un poco la primera vista de la preciada caminata.
El café alivió la situación y poco a poco la densa niebla fue dejando paso a una agradable y soleada mañana que les fue abriendo paisajes maravillosos y húmedos, y es que, si hace poco contemplaron en toda su crudeza la sequía del Pantano de los Barrios de Luna, ahora veían la esplendorosa majestuosidad de las Lagunas de Villafáfila, con escasa cantidad de agua, lo que permitía admirar un  bonito contraste  para los ojos de los caminantes.
Y ese espacio abierto, que parece que junta el cielo con el agua, hizo que los senderistas lo disfrutaran paso a paso y con verdadera alegría.
Una reserva natural donde las aves y demás animales campan a sus anchas, disfrutando y viviendo en su hábitat natural, las salinas, sin que la presencia del numeroso grupo les pudiera importar.
De nuevo fotos, fotos y más fotos, de animales, de palomares, de agua, de ruinas de casas abandonadas, de paisajes extraordinarios y, tras el bocata de turno para reponer fuerzas en Otero de Sariegos, pueblo sin habitantes que de pronto vio cómo se animaba con los 54 visitantes, con su antigua iglesia donde se podían contemplar, según algún “experto”, los nidos de las aves, hasta que el verdadero experto del Club, y casualmente antiguo habitante de esta zona, informó que eran respiraderos para las maderas del artesonado de la iglesia.
Luego la  fantástica visita a la casa del parque, un “museo” extraordinario con la más múltiple variedad de fauna imaginable y que se encuentra en estas tierras. Tras ella, regreso a casa para llegar a la hora prevista y dejar en la retina y en la memoria las maravillas vistas en este viaje.
Y la pregunta de siempre… ¿para cuándo la próxima? Pronto.

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