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30 sep 2017

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Amores chinos

Marta del Riego Anta

El librero no tenía cambio de cincuenta euros. Miró el billete, me miró a mí: “Iré a la tienda del chino a ver si me cambia. Cuídame el negocio”. Me dejó sola en ese caos de páginas escritas: una librería de viejo que frecuento en la calle Hortaleza. Colocan una mesa sobre la acera con cuentos infantiles y novelitas de amor, y dentro, las paredes están forradas del suelo al techo con estanterías de madera oscura atiborradas de libros. Tienen algo acogedor los libros, cuando entro en esa cueva me siento en casa. Además, el caballero de pelo blanco que la atiende está siempre de buen humor, nada tiene que ver con el tópico del ratón gruñón de biblioteca. El día del billete de cincuenta hacía mucho calor en Madrid y se había desabotonado su camisa azul hasta medio pecho, dejando al descubierto una medalla de oro de la Virgen. No sé por qué, ese día me pareció que hablaba con más acento andaluz que nunca. Al regresar con el cambio me dijo: “Hoy el chino estaba de buen humor porque tenía a la mujer allí. No sabes cómo se quieren. Cuando ella no está, él se recuesta en una hamaca que tienen al fondo de la tienda y le canta por el móvil. Se puede tirar una hora cantando”. ¿Y qué le canta?, pregunté. “Qué sé yo, canciones chinas.

…………….(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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