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16 sep 2017

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Historias de aeropuerto

Marta del Riego Anta

El avión traía tres horas de retraso. Tres horas dan para sentarse y levantarse, protestar, exigir el libro de reclamaciones y que te lo nieguen, exigir, entonces, que te muestren el Reglamento de la Unión Europea –es obligatorio exponerlo en un lugar visible‒ y señalar que, según esas normas y dependiendo del tiempo de demora, tienes derecho al abono del billete y/o a una indemnización. También dan para escuchar las historias de tus vecinos de banco. Una joven española, prematuramente envejecida, cabello descuidado, sonrisa con huecos. Te contó que estaba esperando a su marido rumano. Venía de Rumanía a través de Londres. Se había casado con él hacía una década. ¿Profesión? Albañil. Obrero. Podía ser lo que se demandara en el momento. Tenían tres hijos. El pequeño, autista. El marido trabajaba para una empresa alemana, la empresa cerró en España. Le dijeron que continuarían en Rumanía, allí había trabajo para él. Les abonó el dinero del viaje. Cuando llegó, descubrió que la empresa no existía. “Tuve que pedir prestado a los amigos para pagarle el viaje de vuelta. Yo trabajo porque tengo que cuidar de mi hijo pequeño. En el colegio público han dicho que no se hacen cargo de él. Hace dos años que no pongo la calefacción porque no podemos pagarla.

…………….(Puede leer el artículo completo en nuestra edición impresa)

@martadelriego
Superheroína del noroeste.blogspot.com

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